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Europa en decadencia


Sergio Rupérez – Zaragoza 27/12/2013

Europa, el continente de los descubrimientos y de los avances científicos, de la ilustración y de la Revolución Francesa, el continente de la muerte y de la destrucción pero también de la Democracia y de los derechos humanos. El lugar donde todo nació, donde todo ocurrió. La vieja Europa se enfrenta a una de las situaciones más complejas y delicadas de su historia ya que, no solo se trata de una crisis económica al uso lo que sufre, sino que su degradación paulatina está convirtiendo al continente en un proyecto del pasado, solo apto para nostálgicos.

La Unión Europea nació con vocación de unir a los europeos tras las grandes guerras que arrasaron, ya no solo con ciudades y pueblos de toda Europa, sino además con todo carácter pacifista, intelectual y renovador. Cambiamos razón y pensamiento filosófico, por bombas y odio. Esa unión, aparentemente satisfactoria, apostó en un principio por los derechos humanos, el desarrollo económico y los intercambios culturales para convertir a Europa en el símbolo del, como denominan los franceses, art de vivre.

Pero llegó la crisis. Un empeoramiento de la economía mundial que comenzó con el hundimiento de la entidad financiera estadounidense Lehman Brothers y que paulatinamente se extendió por todo el mundo afectando de lleno a Europa y, especialmente, a los países del sur, los más castigados, tras el atracón inmobiliario sufrido, especialmente en España.  Economistas, políticos y expertos financieros no la vieron, o quisieron ver, venir, pero parecía claro que este sistema artificial, tolerado durante años, no podía sostenerse.

Llegó la crisis y con ella los recortes, unos recortes que fueron directamente a esquilar el sólido y envidiado Estado de bienestar instalado en Europa. La pobreza pronto comenzó a adueñarse de los países más débiles del continente agrandando la diferencia, ya de por si excesivamente amplia, entre el norte y el sur, y los fantasmas del pasado, aquellos surgidos de la xenofobia y del egoísmo, aparecieron de repente.

La Unión Europea fue una buena idea, pero, engullida por el neoliberalismo desbocado, ahora se debate entre la vida y la muerte. Si queremos recuperar el territorio perdido, Europa debe apostar por las políticas cohesionadoras que defienden los derechos y libertades y, desde luego, por una economía más humana que piense en los ciudadanos, en el común, y no solo en los datos, los resultados y el enriquecimiento personal. La única salida para Europa, es más Europa.

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