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La guerra de los freelancers


Ángel Sastre – 17/01/2013

El periodista Ángel Sastre, ganador del Permio Larra 2010, es todo un trotamundos. Lleva ocho años recorriendo el continente americano de norte a sur. Ha cubierto terremotos, golpes de Estado y visitado las cárceles del Salvador. Se ha subido a lomos del tren La Bestia en México, ha filmado las villas miseria, las favelas, los cerros del Petare y los basurales de Nicaragua. Ha denunciado en Iquitos la prostitución infantil o la trata de blancas y el trabajo esclavo en Argentina. Ha estado, además, empotrado con numerosos ejércitos como la tropa de Elite de Rio de Janeiro, los Kaibiles de Guatemala o la Polisucre de Venezuela.

Ángel Sastre, que normalmente  reside en Buenos Aires, se encuentra actualmente  en Uruguay y en las próximas semanas viajará a Haití con los cascos azules. No obstante, vivir en Argentina no le impide cambiar de escenario. Hace años realizó varios reportajes en Hebrón, Gaza y Jerusalén o en Chennai, La India. 

En octubre estuvo un mes en Alepo, Siria, junto al periodista Antonio Pampliega y el fotógrafo JM López, narrando la cruenta guerra que ya le ha costado la vida a 100.000 personas y en donde numerosos periodistas continúan secuestrados.

En Siria nos encontramos con un nuevo escenario: Los periodistas han desaparecido, es la primera guerra donde no hay testigos. La extrema peligrosidad y la baja rentabilidad del trabajo frente a los altos costos y la falta de interés de los medios, imposibilitan que los periodistas occidentales se adentren en el territorio.

El pasado septiembre, Al Qaeda emitió una fatua contra los periodistas extranjeros en Siria. Varios grupos yihadistas, entre ellos el más radical, Estado Islámico de Irak y Levante (ISIL), dependiente de Al Qaeda, siguieron la consigna, amenazando a los informadores y, también, privándoles de su libertad.

Desde entonces la situación ha ido a peor. 50 periodistas secuestrados, algunos hace más de un año, la mitad extranjeros, entre ellos tres españoles: Javier Espinosa, Marc Marginedas y Ricardo García. Más de un centenar de compañeros asesinados. En consecuencia, las grandes agencias se lavan las manos y prefieren no comprar el material que ofrecemos desde el terreno. Reuters, AP, y AFP no envían a nadie. Casi todos han perdido colaboradores en Siria.

Tras desaparecer la figura del corresponsal, las agencias contratan a mitad de precio personal de la zona -muchas veces sin conocimientos en periodismo-, a los que tratan como “freelances de tercera”

Tenemos un trágico caso reciente. El fotógrafo Molhem Barakat es un ejemplo de la valentía y del riesgo que se corre por sacar a la luz la verdad de los conflictos. Tenía apenas 18 años y trabajaba como colaborador en Reuters. Perdió la vida en Alepo el diciembre.

The Freelancer’s War

En este contexto se abre un nuevo debate. ¿Deben los periodistas de acudir a las guerras en estas condiciones? ¿Tienen la obligación los distintos medios de apoyar estas coberturas, asumiendo costos, responsabilidades y riesgos?

Efectivamente los medios deberían seguir enviando a sus periodistas de confianza. Los editores tienen que sentirse responsables de incluir esa información y de difundirla. Si un periodista asume que su responsabilidad es ir a cubrir un conflicto, tiene que haber una contraparte que asuma que su responsabilidad es difundir esa información.

Pero la realidad es que hasta el momento, los medios españoles han demostrado no estar a la altura de las circunstancias. Comprendo que las radios, televisiones y los diarios ibéricos busquen audiencia y abaratar costes pero la información no es un producto cualquiera, también hay ciertas obligaciones que no pasan por lo meramente comercial.

De nuestra parte también tenemos una misión: Incomodar al poder y denunciar las injusticias, desigualdades y los abusos. Así es como nos respetan.  En cierta manera deben temernos. Hace tiempo nos volvimos demasiado dóciles. Y es que las guerras sin nosotros se vuelven aun peores.

El futuro incierto

El corresponsal del guerra se ha convertido en un hibrido multimedios. El periodista que además, hace fotos y vídeos para rentabilizar todos los costos. Equipos de una persona o dos, que realizan varias labores a la vez. Sin embargo si los gerifaltes de la comunicación no empiezan a dar la cara y a pagar lo que deben, van a acabar con la vocación de los más jóvenes.

Me encuentro por América Latina, la zona que habitualmente cubro, con periodistas que están haciendo crónicas a cambio de 15 euros. Muchas cabeceras se están aprovechando de los compañeros desempleados que llegan al continente y trabajan prácticamente gratis.

De seguir así, solo los que tengan ingresos extras podrán dedicarse a este trabajo. Yo desgraciadamente he perdido dinero en muchas coberturas, solo porque creía que debía de estar allí y contarlo. A este paso el periodismo en general pero sobre todo el de guerra, se va a convertir en una profesión altruista, solo apta para las élites.




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