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El primer día en la redacción te servirá para el resto de tus días


Luis Fraga – Madrid 24/01/2014

Yo tenía catorce años. Era un adolescente tímido y más bien serio, pero con una decisión tomada.  De mayor sería periodista. En concreto, locutor de radio.  Por aquel tiempo mi voz ya había adquirido gravedad, de forma que quien me pudiese oír en una antigua emisora sindical de Ferrol podría echarme, al menos, veintitantos años.

Para dar el salto a una cadena profesional, me inventé  un programa de radio musical (aún recuerdo el nombre:  “Antena Refrescos”), lo grabé en una casete y escribí una especie de currículo. Digo especie porque aquello de currículo tenía poco. Era más bien una carta en la que le decía al director de la emisora que me encantaría trabajar en la radio. Y poco más. Como lógicamente aún no había empezado la carrera universitaria, omití ese dato. Como era menor de edad, también me “olvidé” de ese detalle. Como no sabía inglés, tampoco incluí el apartado “idiomas”.

Pese a todo, el director me dijo que me pasara por allí, que me harían un hueco. Era verano y yo les vendría de perlas para cubrir los turnos de vacaciones. Y allí me tenéis, a cuatro años de la mayoría de edad me presento en las instalaciones de la radio. Con la osadía propia de la juventud, entré, saludé al director y al resto de la plantilla y me puse a su disposición. Mi primer encargo fue leer esquelas en un programa que, por cierto, se llamaba “Viva la Gente”.

Hoy aquellos profesionales que me vieron llegar en mi primer día de mi historial laboral se han convertido en grandes amigos. Con la confianza para contarme que aquel día, cuando esperaban a un becario veinteañero y se encontraron con un niño, les fue difícil contener la risa.

Hoy, 28 años después, recuerdo divertido aquel momento. También lo hago con orgullo, por el atrevimiento que fui capaz de mostrar. Esa actitud valiente, de hacer lo que haya que hacer para lograr un objetivo, es muy útil cuando uno se convierte en adulto y va perdiendo la inocencia y la frescura. Por eso, en determinados momentos, pienso en aquel día de verano como forma de coger fuerza y hacer frente, por ejemplo, a la timidez que me caracteriza. Todo aquello me está siendo útil aún hoy y lo será para siempre.

 

Fuente de la imagen: Antena 3

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