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“Asia en el objetivo”


Gracia Abad – Madrid 28/02/2014

Gracia Abad es doctora en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, diplomada en Estudios Avanzados en Relaciones Internacionales, licenciada en Ciencias Políticas, especialidad en Relaciones Internacionales y acreditada por ACAP. Además, es investigadora postdoctoral en el Departamento de Políticas y Relaciones Internacionales de Royal Holloway y ha impartido cursos de grado, posgrado y especialización en diversas universidades españolas como la Universidad Complutense de Madrid, Saint Louis University Madrid, Universidad de Salamanca o Universidad CEU San Pablo.

El ascenso chino no es sino la punta del iceberg de un conjunto de dinámicas que, en sólo unas décadas, han convertido a la región de Asia Oriental en el centro de gravedad de los asuntos internacionales. En efecto, la región cuenta con más del cincuenta por ciento de la población mundial y más de un quinto de la riqueza del planeta, además de con la presencia de tres de las diez primeras economías, unos activos que la convierten en objeto de interés de los principales actores internacionales, incluido Estados Unidos.

Ese interés llevará a Washington a reorientar su política exterior para centrarla en Asia, un giro que también alimentará el conflicto de potencias en la región. No en vano, el refuerzo de la presencia estadounidense parece poner en cuestión una posible hegemonía de la República Popular China en “su” región y así es percibido desde Beijing.

Un conflicto de potencias que se suma al existente entre una China en ascenso y un Japón que quiere sacudirse las limitaciones derivadas de la Segunda Guerra Mundial y la Constitución de 1947 y dar paso definitivamente a su ansiada “normalización”. Esta rivalidad tiene su expresión más clara en la disputa por las Islas Senkaku/Diaoyu.

Con todo, no es éste el único archipiélago asiático en el que entran en conflicto las reclamaciones soberanas de varios estados. Así, además de los casos de las islas Paracelso o las Kuriles, en los que no nos detendremos, debemos añadir el de las islas Spratly, en que se enfrenta la República Popular China –que se ha negado a adoptar un código de conducta-, Taiwán, Brunei, Malasia, Filipinas y Vietnam. El asunto no es menor toda vez que está poniendo de manifiesto la incapacidad de la ASEAN para adoptar una postura conjunta, confirmando una vez más que está lejos de satisfacer las expectativas suscitadas a principios de este siglo de la mano de su reestructuración organizativa y del lanzamiento de la Carta de la ASEAN.

Una debilidad de la organización que resulta más preocupante si tenemos en cuenta las situaciones de inestabilidad y tensión que viven varios de sus miembros, ya que al proceso de transición que vive Birmania –una situación siempre delicada- debemos unir la inestabilidad en Tailandia y Camboya o los problemas de carácter secesionista y terrorista en Filipinas.

Finalmente, no podemos pasar por alto la situación en la península coreana donde, por un lado, parece abrirse paso una fase de relativo entendimiento en las relaciones intercoreanas, pero por otro, hay que constatar la consolidación en el poder de Kim Jong-Un y la supervivencia, al menos por el momento, de su peculiar régimen político.

En definitiva, a Asia Oriental no le faltan ingredientes para estar en el objetivo de todos los observadores de las relaciones internacionales, pero tampoco para ser el objetivo de los intereses de estados, empresas multinacionales y actores internacionales de toda índole.

Gracia Abad, profesora Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Antonio de Nebrija.

 

Fuente de la imagen: nebrija.com

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