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Fallece Leopoldo María Panero, el loco consciente


Cristina M. Franchy – Madrid 07/03/2014

Ayer, 6 de marzo, murió otro poeta. Leopoldo María Panero, fallecía en el hospital psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canaria después de una vida de excesos reflejada en su obra literaria.

El poeta maldito, como solía ser llamado, nació en 1948. Era descendiente de una familia intelectual y adinerada, cuyo equilibrio se rompió a la vez que el régimen franquista, como Jaime Chávarri refleja en su película El desencantoUna familia desestructurada con sangre de artista y ciertas gotas de locura. Así se empezó a desenvolver Leopoldo en el mundo: “Vivo dentro de una fantasía paranoica del fin del mundo y no solo no quiero salir de ella, si no que pretendo que los demás entren en ella.” Con 65 años se despidió de su fantasía personal, pero siempre absorto en ella.

Entre poesía, locura y drogas transcurrió su vida. Dicho así, es totalmente comprensible y aplicable el estereotipo de poeta maldito, pero él no soportaba este encasillamiento. Pese a los tópicos que han rodeado siempre su obra, se posicionó dentro del grupo de los novísimos y, además, fue el primer poeta de su generación en introducirse en los programas académicos y las editoriales más importantes, llegando a publicar en Cátedra. Víctima directa del régimen franquista, como muchos otros jóvenes, optó por otros caminos políticos e intelectuales, que en aquel entonces eran el summum de la rebeldía y la libertad. Hasta el final de su vida se definió como defensor del anarco-individualismo: “Yo he basado mi causa en nada, no hay nadie por encima de mí.” Decía, parafraseando a Max Stirner.

Una gran parte de su vida transcurrió entre psiquiátricos. Después de diagnosticarle esquizofrenia y de vivir la muerte de su madre por culpa de esta enfermedad, comenzó a denominarse a sí mismo como un ser apartado de la sociedad. “No hay otro sistema en un psiquiátrico que la represión, la vigilancia y el castigo” decía, añadiendo que si fuera por el la cura para la demencia debía estar en los ansiolíticos y los electroshock. “El manicomio es un lugar donde se pierde la razón o donde ayudan a perderla unos cuantos hombres.” Y es que la línea que la sociedad ha intentado crear entre las “mentes sanas” y las “mentes enfermas” es muy fina. A modo de opinión personal, considero que Panero fue una persona torturada, construida a base de experiencias extremas, con una locura arrolladora pero, a la vez, un hombre audaz, inteligente y, pese a todo, un loco consciente, en cierto modo bastante tierno en la escritura y con los pies en la tierra.

Poéticamente, se consideraba como Mallarmé o Proud. No creía en la inspiración, ni en las musas. Seguramente porque con sus pensamientos le bastaba. Tuvo una amplia educación en Letras y Filosofía, además de ser un gran admirador de la filología francesa. Es curioso cómo el malditismo que reflejaba en sus poemas, la sensación de vacío y oscuridad, nos trasladan a una idea de vitalidad indescriptible. El poeta consciente no tenía miedo a la muerte ni a sus propios fantasmas porque se sentía a gusto con ellos.

 

“Más allá de donde

aún se esconde la vida, queda

un reino, queda cultivar

como un rey su agonía,

hacer florecer como un reino

la sucia flor de la agonía:

yo que todo lo prostituí, aún puedo

prostituir mi muerte y hacer

de mi cadáver el último poema.”

 

Murió completamente solo. Después de la desaparición de su hermano Juan Luis y la etapa de aislamiento en el psiquiátrico canario, decidió vivir su muerte en soledad. Simplemente se fue con la certeza de que “la soledad es lo que más daño hace”, pero con una mente dotada de una lucidez extraordinaria, mucho más desarrollada de lo que muchos cuerdos podrían llegar a experimentar. Este año un poeta más se suma a la lista, pero podemos agradecer su legado. Esperemos que, como él conseguía escribir a raíz de otros autores, hayan poetas vivos que se inspiren de su obra y que la locura siga siendo denominador común del arte.

 

“(…) Los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,

y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda

ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»

y «qué oscuro es tu nombre».

He vivido los blancos de la vida,

sus equivocaciones, sus olvidos, su

torpeza incesante y recuerdo su

misterio brutal, y el tentáculo

suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies

frenéticos de huida.

He vivido su tentación, y he vivido el pecado

del que nadie cabe nunca nos absuelva.”

 

Fragmento de “El Loco”.

 

Fuente de la imagen: http://furydays.files.wordpress.com/2012/06/0013.jpg

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