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La violencia estalla en Brasil a 50 días del Mundial


Eduardo García Cancela –  Madrid 25/04/2014

Copacabana ha revivido este martes, 22 de abril, las protestas violentas de junio de 2013. Las operaciones policiales indiscriminadas para acabar con los narcotraficantes han desatado la ira en las favelas, que se han levantado en contra de las autoridades. Estos enfrentamientos ponen en duda la capacidad de Brasil para garantizar la seguridad durante la Copa Mundial de Fútbol, que comienza en menos de dos meses.

Cuando parecía olvidada la conflictividad social que se desató en junio de 2013, la violencia vuelve a ser la protagonista en Brasil. En esta ocasión, las protestas han comenzado por la indignación de los vecinos de las favelas, que se han enfrentado a la policía a pedradas, incendiando vehículos públicos, montando barricadas y cortando el tráfico en calles y avenidas. El germen de los enfrentamientos ha sido la actuación de las unidades policiales, que parecen haber vuelto al “acoso y derribo al narco”, una táctica que actúa indiscriminadamente en las favelas y con la que, muchas veces, la población local es víctima de las llamadas “balas perdidas”.

Pese a que en los últimos años el poder de los narcotraficantes se ha reducido considerablemente, siguen controlando la venta de drogas en favelas situadas entre los barrios más ricos de Río de Janeiro. Precisamente, es en Copacabana, centro turístico de la ciudad carioca, donde algunas células del Comando Vermelho (CV), una famosa organización de narcos, siguen atrincheradas en la favela Pavão-Pavãozinho, convirtiéndose en el objetivo de las operaciones policiales.

La situación estalló el martes, 22 de abril, a media tarde, cuando los disturbios cortaron las calles principales de la zona y los comerciantes tuvieron que echar el cierre. A partir de ese momento, se sucedieron barricadas incendiadas, cortes eléctricos, tiroteos y helicópteros policiales, que sembraron el pánico en Copacabana. La tarde se saldó con dos muertes, la de un hombre de 30 años que había recibido un disparo en la cabeza y la de Douglas Rafael Silva Pereira, un bailarín de 25 años. Este último, según su madre, tenía marcas de haber sido torturado por la policía, aunque el informe forense determinó que había fallecido por una “hemorragia interna provocada por laceración pulmonar”, según recoge El País.

Los planes del gobierno no dan resultado

Ya han pasado cinco años desde que comenzó el “proyecto pacificador de favelas”, a través del cuál el gobierno estatal de Río refuerza las favelas más conflictivas con más efectivos y operaciones de caza y captura de criminales. Sin embargo, las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) no se han ganado la confianza de los vecinos, que ven en ellas un reflejo de la Policía Militar, más conocida por los casos de corrupción que por sus logros.

Los vecinos perciben que se está retrocediendo lo que se había avanzado en la última década. Este pensamiento no es equívoco y queda contrastado con las estadísticas publicadas por el Instituto de Seguridad Pública de Río de Janeiro, en las que se observa como en ocho años se han producido 35.879 asesinatos, 285 lesiones seguidas de muerte, 1.169 robos seguidos de muerte, 5.677 muertes derivadas de intervenciones policiales y 155 policías muertos durante el servicio, lo que arroja 43.165 fallecidos, y eso que la estadística no recoge los más de 38.000 desaparecidos y las más de 31.000 tentativas de homicidio.

¿Y el Mundial qué?

Esta situación pone en duda la capacidad de Brasil para albergar los dos mayores eventos deportivos del planeta: la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA, que se celebrará entre el 12 de junio y el 13 de julio, en menos de dos meses, y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en 2016.

El coronel Frederico Caldas, coordinador general de las UPP (Unidades de Policía Pacificadora), quita hierro al asunto y alega: “todos los grandes eventos que se han celebrado en Río de Janeiro tienen en común que han sido tranquilos. Fue así en la conferencia Río+20, en la visita del Papa y en la Copa de las Confederaciones”.

Y es que el Mundial puede traer la calma o la tempestad. Si Brasil gana la Copa, la euforia histórica de los brasileños ante el fútbol hará que las protestas se diluyan, al menos durante un tiempo. Sin embargo, lo que sucederá si la selección nacional cae eliminada es impredecible y muy preocupante.

 

Fuente de la imagen: El centro noticias

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Editor de contenidos de Tempus Fugit. Es estudiante 3º de Periodismo y Relaciones Internacionales en la Universidad Antonio de Nebrija. Fue colaborador de la Revista 'Nuestra' de Nebrija y en el portal Actualidad Nebrija.


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