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Un futuro incierto en el periodismo de guerra


Miguel Ángel Rodríguez Rodríguez – Madrid 25/04/2014

“Si yo dejase de trabajar como periodista, el mundo sería igual de injusto. Si cien periodistas dejasen de trabajar, el mundo sería igual de injusto. Sin embargo, si todos los periodistas dejásemos de trabajar a la vez, el mundo sería infinitamente más injusto.” Son palabras de José Antonio Guardiola, director del programa En Portada de RTVE y corresponsal de guerra.

Hoy en día, la profesión de corresponsal de guerra, con esa aura que la rodea de aventuras y romances en lugares exóticos, ve peligrar sus días de existencia o, por lo menos, está sufriendo un grave cambio que trastoca la tradicional forma de hacer periodismo. Cada vez hay menos enviados especiales por parte de los periódicos o los medios audiovisuales, pero esto no hace que las guerras desaparezcan y alguien tendrá que informar de ellas. La figura del freelance se ha extendido hasta puntos insospechados dentro del periodismo español. La gente sigue queriendo contar lo que ocurre en países como Siria y, sin pensárselo dos veces, se cogen un avión hacia un destino en guerra con la intención de no solo narrar el curso de los acontecimientos, sino de denunciar a los asesinos y proteger a los que sufren las crueles consecuencias de los enfrentamientos.

Este afán que tanto caracteriza a los freelance de dar a conocer las miserias de la vida humana, de poner voz a todas las víctimas de los atroces crímenes que se cometen a diario en las zonas que se encuentran en conflicto, les aleja de todo tipo de comodidades y, sobre todo, a una profesión que actualmente se encuentra muy mal pagada. Uno de los principales problemas por los que protestan todos los freelance españoles es la bajada radical que se ha producido en las tarifas que se pagan por las crónicas o los reportajes. Numerosos periodistas se ven obligados a vender sus artículos por 20 o 30 euros. Artículos que les han costado poner su vida en juego durante días o semanas. A estos paupérrimos pagos se le une la gran indignación que causa el saber que grandes magnates que controlan medios de comunicación reciben anualmente sueldos millonarios.

No debemos pensar que toda la culpa de que el periodismo de guerra haya decaído en España se deba únicamente a las actuaciones realizadas por los medios de comunicación. Mejor realicemos una autocrítica y preguntémonos todos si nosotros mismos exigimos que haya un periodismo de calidad obtenido de los propios reporteros que se encuentran allí o nos conformamos con las noticias creadas por las grandes agencias de información internacional. ¿Queremos informarnos o preferimos entretenernos  con contenidos carentes de todo rigor periodístico y que no nos hagan pensar?

Como conclusión, podríamos decir que el futuro del periodismo, ya no solo el de los corresponsales de guerra, sino el de toda la profesión, es incierto, las cosas están cambiando, nos movemos hacia una época en la que todos los periodistas se van a convertir en autónomos. Puede que esto, a la larga se convierta en lo mejor que le podía ocurrir al periodismo para lograr una mayor calidad. Sin embargo, para llegar a buen puerto vamos a necesitar un mayor apoyo por parte de los medios de comunicación y una mayor exigencia de información y calidad por parte de los lectores.

 

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