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La irrealidad de la vida vía Facebook


Cristina M. Franchy – Madrid 16/05/2014

 

Esta semana hemos visto cómo los periódicos se inundaban de noticias sobre cómo Facebook influye en el estado de ánimo de sus adictos. ¿Ves condicionado tu estado de ánimo por las redes sociales? ¿Se está desarrollando una nueva corriente psicológica en la cual habrá que estudiar el comportamiento (colectivo e individual) teniendo en cuenta las relaciones virtuales?

 

Varias universidades estadounidenses están empezando a indagar en el fenómeno Facebook. Partimos de esta premisa: el ser humano es social y el individuo está influenciado por estímulos, por lo tanto, estos estímulos provenientes del resto de individuos de una comunidad acaban afectando su patrón de comportamiento. Y ahora mismo, nosotros los jóvenes y nativos de internet, estamos comprobando cómo las redes sociales se han entrometido de manera drástica en nuestro patrón de comportamiento habitual. En España, desde la popularización de Tuenti, todos los adolescentes hemos tenido en un momento u otro alguna red social, quien más quien menos, para evitar la exclusión de nuestro entorno.

 

La primera investigación realizada a cerca de la “felicidad” que reporta a los usuarios la utilización de Facebook fue realizada por la Universidad de Michigan. El resultado se ha distribuido esta semana en Public Library of Science, y no es demasiado alentadora. Muchos de los sujetos del estudio veían mermada su identidad personal cuando ninguna de sus publicaciones recibía un “me gusta” de algún conocido; las comunicaciones por mensaje privado resultaban ser mucho menos informativas sobre el estado de ánimo de los sujetos que las publicaciones en el tablón. Y esto es solo el principio, pues no ha dado tiempo de investigar las consecuencias de la importancia otorgada a Facebook en las relaciones personales a largo plazo.  

 

Pero tampoco podemos sacar toda la parte negativa de Facebook: queda la cultura participativa y la inteligencia colectiva. Dos conceptos preciosos llevados a cabo a la perfección por esta red social. Los miembros de un colectivo crean para aumentar el conocimiento de otros, estableciendo muy pocas barreras de expresión artística y poniendo apoyos en la creación y el intercambio de conocimientos. Además, nos iguala. Al estar en el mismo medio podemos comunicarnos o absorber información sin ningún tipo de filtro “profesor-alumno”. George Pór definió el fenómeno de la inteligencia colectiva como “la capacidad de las sociedades humanas hacia un orden de armonía y complejidad mayor, tanto por medio de la innovación como por la diferenciación”. Quizás es este empeño por diferenciarnos lo que hace que Facebook tenga tanto éxito. 

 

Otro estudio asociaba la utilización de Facebook al egocentrismo. Cada vez hay más similitudes entre la forma de vender un negocio vía Facebook y la forma en que creamos una realidad paralela sobre nosotros mismos. Este es un problema que siempre ha existido en el pensamiento humano desde la revolución cinematográfica, el hecho de aprender a diferenciar entre realidad y ficción. Como la televisión o la fotografía nos intentaban mostrar que su mundo era real y verdadero, ahora nos enfrentamos a un problema todavía peor: estamos creando realidades paralelas, virtuales, a cerca de nosotros mismos. 

 

Ya lo dijo René Magritte en su famoso cuadro: “esto no es una pipa”. Podemos aplicar el mismo concepto a Facebook: no es la realidad de una persona lo que se refleja en su tablón, es solo un espejismo. Las redes sociales nacieron como forma de “refuerzo” de las relaciones interpersonales, pero se están convirtiendo, de una manera paulatina, en un mero detonante para el debilitamiento de las mismas y el exaltamiento del “yo”. Encontrar un equilibrio entre seguir viviendo en el mundo tangible y el mundo virtual sería óptimo, pero este fenómeno seguirá siendo estudiado y, a la larga, acabará cambiando nuestro concepto de las relaciones entre individuos. 

 

Fuente de la imagen: zoomnews.es

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