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Los cadáveres de Videla


Cristina M. Franchy – Madrid 23/05/2014

Continúan encontrando víctimas de la dictadura argentina. La crueldad y frialdad con que Varela y sus nueveseñalaban a aquellos que “debían morir” sigue calando en la sociedad latina con cada nueva fosa descubierta. Las Madres de la Plaza de Mayo, los Juicios por la Verdad, los vuelos de la muerte, exiliados parisinos… este es el legado de los milicos.

Hace tres años hallaron una fosa común con 15 cadáveres. Este año, tres días atrás identificaron dos cuerposde desaparecidos en la dictadura en otra fosa. Carolina Meloni recibió una llamada en la que se confirmaba que su tío, Hernán González, secuestrado en el 76, era uno de los cadáveres. Como tantas otras familias en Argentina, Carolina no tenía idea del paradero de su tío. Los milicos irrumpieron en la facultad de medicina, donde Hernán estudiaba, y no se volvió a saber de él hasta ahora. Era descendiente del poeta y periodista tucumano Juan González. Enrique Alberto Sánchez corrió la misma suerte que Hernán. Con 23 años fue llevado a un campo de concentración y posteriormente “enterrado” en el Pozo de Vargas, Tucumán.

Los familiares están sorprendidos. No se imaginaban que después de 20 años pudieran saber su paradero. Y es que, desde el año 76 cuando Videla entró en el poder, hasta el 83, cuando se celebraron las elecciones democráticas, el gobierno de militar llevó a cabo un exterminio sistemático de todo aquel que pudiera responder en contra del sistema. No se han podido hallar a todos los desaparecidos por razones como esta: los vuelos de la muerte. Fue una táctica realizada con frecuencia. Subían a los presos en aviones y los lanzaban al mar. Así era la crueldad con la que muchas dictaduras militares reaccionaban. Había veces que los tiraban a volcanes activos, para eliminar el problema de los cuerpos que la marea devolvía a la orilla. “Lo ideal era lanzarlos a la boca de los volcanes, como el Llaima o el Villarica.”

En 2011 se condenó a 12 oficiales del régimen al encontrar la fosa común de Tucuman, donde se consiguió identificar a 15 personas. Antonio Bussi, ex dictador, se encontraba entre los condenados. En el curso del proceso judicial la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dio a conocer la existencia de fotos de las víctimas de los vuelos de la muerte. En ellas se mostraban a los presos vivos con signos de tortura y violaciones, manos atadas, en las costas de Uruguay. Fueron los propios agentes uruguayos quienes sacaron las fotos y se las facilitaron a los miembros de CIDH, ya que la mayoría de los documentos oficiales habían sido destruidos por la Junta. De hecho, en abril de este año, el ministro de defensa argentino, Agustín Rossi, entregó a las ahoraAbuelas de la Plaza de Mayo, las copias de las actas secretas militares halladas en el sótano de un edificio de las Fuerzas aéreas. Es uno de los pocos documentos que se conservan de los 7 años de dictadura. 

Fueron muchos los que lucharon cuando cayeron en la cuenta de lo que ocurría en Argentina. Hijos, nietos, hermanos, maridos, compañeros… iban a la universidad o al trabajo o a comprar cigarrillos y nunca volvían. Una de las asociaciones más activas desde el principio de la represión fueron Las Madres de la Plaza de Mayo. Todo comenzó cuando se reunió un grupo de madres que no conseguía respuesta sobre el paradero de sus hijos en frente de la Casa Rosada. Como las manifestaciones no estaban permitidas, formaron un círculo y pasaron toda la mañana caminando alrededor de la plaza. Cada vez más gente se sumó a la iniciativa, algunas de ellas fueron fuertemente reprimidas y otras siguieron en la lucha. La única respuesta que obtenían de los funcionarios era : ”si su hijo se ha marchado, algo habrá hecho…” La mayor parte de esos hijos que supuestamente habían abandonado el país se encontraban en campos de concentración.

Sin duda, se trata de una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica. Utilizando como excusa un Plan de Reorganización, los militares consiguieron instituir un régimen represivo, sangriento, pobre, con un nacionalismo exacerbado por el fútbol y la guerra. Muchos intelectuales desplazados, otros asesinados. Jorge Cafrune, al que se prohibió recitar ciertas canciones reivindicativas, defensor de la libertades pueblo, muere de forma sospechosa en el 78, en Buenos Aires, después de cantar ciertos de estos temas censurados en un concierto. Otros tantos recurrieron al exilio. Otros callaron su voz en el Río de la Plata. Otros no la callaron y sufrieron las consecuencias: Horacio Guarany presenció cómo explotaba su casa en Buenos Aires por una bomba de los milicos. Él siguió cantando en el interior del país pese a que hubieran eliminado también su discografía y apoyó a Raul Alfonsín, quien acabaría siendo el primer presidente nombrado por sistema democrático en el año 83.

“Que no calle el cantor porque el silencio,

cobarde apaña la maldad que oprime.

No saben los cantores de agachadas,

no callarán jamás de frente al crimen.”

Horacio Guarany, cantautor censurado por la dictadura.

Fuente de la imagen: cta.org.ar

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