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Ciencia ¿para qué?


Bernat Soria, Investigador del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa, Parque Científico y Tecnológico Cartuja 93, Sevilla

Cuando la crisis está afectando a familias enteras, a empresas, a ayuntamientos…, cuando los parados se cuentan por millones, cuando el paro juvenil supera el 50%, cuando hay ciudadanos que prefieren quitarse la vida antes que tener abandonar sus casas, cuando la falta de esperanza está tomando cuerpo en esta sociedad… ¿Tiene sentido dedicar recursos humanos y económicos a la ciencia? La respuesta más obvia es si, pero es bueno documentar nuestras opiniones.

La Investigación científica es cara, pero aún es más cara la ignorancia

Cualquier proyecto de investigación, cualquier experimento, empieza con una idea, una propuesta, una nueva aproximación experimental. En las discusiones previas al diseño de un experimento se busca en la bibliografía publicada. Es importante detectar si se trata de una idea original o es la ratificación de una observación previa, si tiene sentido la pregunta, si la podemos contestar con nuestros métodos, con quienes podemos colaborar, etc. Llega un momento en el que hay que ver cuánto cuesta. Los reactivos son caros, el uso de equipos tiene un coste y todo se debe pagar con cargo a ayudas que obtenemos de forma competitiva de agencias financiadoras regionales, nacionales y europeas (aunque cada vez las ayudas son más escasas y tenemos que agudizar el ingenio para optimizar nuestros recursos).  En ese momento les planteo a mis colaboradores que me convenzan de que esos recursos económicos que vamos a dedicar a ese experimento no deberían utilizarse en el sostén económico de una familia que lo ha perdido todo y acude a los comedores sociales para subsistir. En ese momento se entristecen y se quedan callados, ellos también están sufriendo la crisis, sus parejas, sus amigos, su salario se ha recortado y no alcanzan el final del mes y yo les pido que me demuestren que el país debe gastarse diez o veinte mil euros en los experimentos que estamos discutiendo. Ellos saben que con ese dinero la administración podría hacer otra cosa y sin embargo continúan pensando que ese es un buen destino para esos recursos.

Hace unos meses participé en un Nobel Forum que  había organizado la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Durante un par de días un grupo de cinco Premios Nobel (dos de ellos de Israel) y otros tantos científicos (yo era uno de ellos) discutimos ante una audiencia de estudiantes cual era el Futuro de la Medicina. En uno de los debates me preguntaron mi opinión acerca de los recortes en los fondos de investigación. Mi opinión no ha cambiado, es la misma que antes de la crisis. Se puede recortar en muchos campos, pero nunca en educación, investigación, sanidad y dependencia. Precisamente donde el Gobierno está recortando. No así otros Gobiernos conservadores.  Alemania, gobernada por los conservadores liderados por la Sra Angela Merkel, aumentó en un 6% el presupuesto de I+D para el 2013.

La respuesta a la pregunta que yo les hago a mis colaboradores la dio uno de los Premios Nobel que actualmente trabaja en Israel. Israel dedica un 3-4% del PIB a la Investigación Científica, mientras que España no levanta cabeza y no pasa del 1,2% del PIB. Su contestación a la pregunta de ¿por qué Israel dedica gran parte de su presupuesto a investigación?  fue: “Nosotros sabemos que Israel es un país pequeño, con escasos recursos naturales, la única forma que tenemos de sobrevivir como país es ser potentes en I+D”. La investigación científica genera conocimiento y ese es el motor necesario en el cambio de modelo productivo. Cuanto más tardemos en empezar peor para nuestro país, para todos nosotros.

Finlandia, Israel y Singapur son ejemplos de economías pequeñas, sin grandes recursos naturales. Es por esto que han basado su crecimiento económico en el conocimiento;  eso significa en primer lugar una apuesta por la educación, a todos los niveles y en todas las áreas; en segundo lugar una inversión continuada en I+D+i y en tercer lugar una serie de acciones de política económica que incentiven la apuesta por las empresas innovadoras.  Este ejemplo no es solo útil en economías de pequeño tamaño.  También los grandes como EEUU y Alemania apuestan por ese modelo. EEUU posee grandes recursos naturales, pero no así Alemania que carece de “riquezas naturales” y aprendió pronto que “la riqueza de las naciones no son sus recursos naturales, sino el valor de sus gentes”, frase que no es mía sino de Adam Smith en su libro “La Riqueza de las Naciones”.  En las últimas dos décadas Alemania no apostó por el “ladrillo especulativo”, sino por mantener una estructura económica razonable y, a pesar del alto coste que significó la unificación alemana, apostó también por la educación, la I+D+i y las empresas innovadoras. Se repite una y otra vez la necesidad de que cambie el modelo productivo, que un modelo basado en el ladrillo no puede funcionar.  Es cierto, el crecimiento de una sociedad no puede basarse en el “ladrillo especulativo”.   Hablo de “ladrillo especulativo” porque no todo lo que se construye engorda la burbuja inmobiliaria.  La construcción de escuelas, centros de formación, centros de salud, hospitales, etc. no es “ladrillo especulativo”.

Valor social, cultural y referencial de la Ciencia

Quien haya llegado hasta aquí puede pensar que la ciencia solo tiene un valor  mercantilista. Y no es así. La ciencia, la apuesta por el conocimiento, es algo más que un puro valor económico. Tiene un profundo valor social, cultural y, si se quiere, ideológico. Sé que la palabra ideología está muy desprestigiada y se asocia con una lectura negativa, pero es el mejor término para describir el marco referencial en el que conviven nuestros valores, decisiones y comportamiento. Pondré un ejemplo: el “ladrillo especulativo” no tiene ningún inconveniente en coexistir con barracones en lugar de escuelas, es decir defiende con sus prácticas unos valores distintos a los míos. Y, todo hay que decirlo, poco recomendables.  Y ahora que parece que todo es economía, hay que defender que la apuesta por la educación, la cultura y la ciencia es también una apuesta por una escala de valores distinta.  Cuando una sociedad se impregna de valores ligados a la cultura, al conocimiento, a la educación, etc. también se impregna de una forma distinta de entender el mundo y de conceder a cada contexto su valor real, más humano. Acerca al ciudadano a otra forma de entender el mundo, mucho más libre, más crítica también, de ciudadanos que son dueños de su futuro. Por eso no nos debe sorprender que las dictaduras (de derechas o de izquierdas) no sean compatibles con una ciudadanía culta y educada. Al fin y el cabo el autoritarismo es el recurso de quienes carecen de razones y, en estos casos, la ideología sustituye a la falta de ideas. Frente al autoritarismo, los demócratas defendemos la libertad, la educación, la cultura y la ciencia. Esa es nuestra ideología. Mantener la mente abierta a la exploración y análisis de posibilidades que no hemos considerado previamente. Puede que en alguna de ellas este esa solución que estamos buscando. Pero de eso podemos hablar el próximo día.




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