.
.

La corona anacrónica


Cristina M. Franchy – Madrid 13/06/2014

El pasado 2 de julio fuimos sorprendidos con la noticia de la abdicación del Rey Juan Carlos. Desde hace 10 días este primer paso para un cambio, cuya magnitud hemos averiguado entre hoy y ayer con la sesión en el Congreso de Diputados, ha estado en boca de los ciudadanos españoles. Parece que la decisión ya está tomada. 

En menos de un mes, pasamos de un monarca a otro. El lunes día 2 de julio, el Rey anunciaba su abdicación considerando que era “el momento oportuno”. Se ha realizado una transición sin incidentes, en un clima de estabilidad, sin represalias importantes en las manifestaciones por la República acontecidas en muchas ciudades españolas. Las redes sociales, como medio de convocatoria, y los medios de comunicación, como principales fuentes de información, han jugado un papel esencial. Llegados al día de hoy observamos que este “clima de estabilidad” que el Rey vaticinaba se ha cumplido.

Pero ni todo es tan blanco, ni ha sido tan estable. El día 6 de junio vimos como ocho dibujantes de la revista satírica El Jueves abandonaban la redacción acusando a la cúpula editorial de RBA por censurar una portada cuyo titular era “El Rey abdica” y se podía observar cómo Juan Carlos colocaba con unas tenazas una corona llena de moscas y excremento en la cabeza consternada del Príncipe Felipe. Albert Montenys, un veterano dibujante de la publicación, explicó: ”no se nos han dado las razones para retirar la portada. Una vez que nos dijeron que cambiaban la revista nos explicaron que no podíamos tocar nunca más este tema de la Casa Real en portada. Dentro podíamos hacer lo que quisiéramos.” Además, el representante de Compromís-Equo en el Congreso subió la revista al estrado con estas palabras: “si esto se puede censurar, algo huele a podrido en el reino de España.” Este incidente, el hecho de que la infanta Cristina no asista a la coronación, la rapidez con que se ha aprobado la Ley de Abdicación, la discreta manipulación de los medios mediante el argumento de la “unidad” y el gastado “salir de la crisis”, han acompañado, casi en silencio, estos diez días de decisiones

El papel de la monarquía a la hora de establecer la democracia que gozamos ha sido fundamental. No debemos olvidar que fue el instrumento de rotura con el franquismo. El historiador Hobsbawan, citado por Juan Pablo Fusi en su último artículo, dijo en 2011 que la Monarquía había sido un marco solvente para el liberalismo y la democracia en ciertos países europeos. Una observación razonable a la que Fusi añade “por eso que reabrir la cuestión Monarquía-República parezca, ante todo, un error. Peor aún: un error innecesario.” Pero, ¿como de innecesario?

La generación de españoles que vivió el franquismo y la Transición ha sido la más sorprendida al generarse el debate entre República y Monarquía. Los jóvenes no fuimos testigo de los horrores del franquismo y no podemos hablar con conocimiento de causa, más allá que el que sabemos mediante libros de texto. Prescindimos de la experiencia de nuestros padres, que vivieron bajo un régimen totalitario. Dar la razón a Fusi es lo más sensato. Pero la abdicación nos toca de cerca. Hemos vivido la crisis económica, el desgaste social, las salidas de tono de la propia monarquía. Además, el hecho de tener que convivir con un sistema que nos ha sido impuesto y por cuestiones genéticas es, a mi entender, demasiado anacrónico. Sabemos que la República no es la solución a los problemas de España, pero quizás gran parte de la población desea poder decidir por su futuro. Esto es la democracia.

Sin embargo, el filtro por el que tiene que pasar el proceso para convocar un referéndum depende de forma directa de quién proponga la reforma. El artículo 168 de la Constitución Española contempla que una revisión de la Constitución de proponerse a las Cortes y ser aprobada por mayoría de dos tercios de cada Cámara. Posteriormente, se procedería a la disolución de las Cortes y las Cámaras elegidas deberían ratificar la decisión, estudiar el nuevo texto constitucional y aprobarlo por mayoría de dos tercios en ambas Cámaras. Es entonces, cuando las Cortes Generales aprobarían la reforma y, después, sería sometida a referéndum. Por lo tanto, la decisión entre Monarquía o República, no llegaría a los ciudadanos si no pasa todas estas “pruebas” o ratificaciones.

Quizás debemos hacer caso a los historiadores como Fusi que creen en el pasado de España o en su observación y análisis para establecer el futuro. Puede que no sea el momento de la III República Española, de hecho, no lo va a ser. El nombramiento de Felipe VI tendrá lugar el próximo día 19, con la falta de la Princesa Cristina y del propio Rey. En menos de un mes tenemos nuevo monarca. Da miedo lo rápido que funciona la justicia española (para lo que se quiere). El Rey defiende la preparación del Príncipe para sustentar el trono y el apoyo incondicional de la Princesa Letizia como punto fuerte de la sucesión. Las revistas y programas del corazón se jactan con la historia de amor y fidelidad del Príncipe y la Princesa; el pueblo está feliz con que la Monarquía Española se rejuvenezca; el Rey podrá disfrutar de sus últimos años de vida. Todos contentos, ¿no? Esperemos que si. O, mejor dicho, esperemos que la abdicación haya revuelto unas cuantas mentes y que, ahora al menos, haya más gente que se debata interiormente entre imposición o elección. La democracia se basa en el poder de elección mediante la previa información. A mi entender, nadie nos ha dado dos caminos para elegir, Solamente uno, cuando un número considerable de ciudadanos quería optar por el otro, quizás erróneo, quizás no. De momento no lo sabremos. Bienvenido seas, Felipe, como símbolo actual del sistema decimonónico.

Reviews

  • Total Score 0%
User rating: 0.00% ( 0
votes )



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.