.
.

Una segunda transición


Samuel Riad – Zaragoza 13/06/2014

Con el relevo en la jefatura del Estado estamos viviendo sin duda un periodo histórico, algunos lo denominan como una segunda Transición.

La abdicación del rey don Juan Carlos significa cerrar un capítulo cuyo origen se remonta a 1975, una España que dejaba atrás la dictadura para embarcarse en un proyecto democrático que nos permitiese estar a la altura de los países desarrollados. El monarca tuvo que lidiar con una situación compleja porque estaba todo por construir, habíamos padecido cuarenta años de represión y muerto el caudillo las estructuras del Régimen gozaban de buena salud, aunque empezaban a resquebrajarse desde hacía años.

El Rey traicionó los principios fundamentales del Movimiento, devolviendo así los poderes a la soberanía popular y consiguiendo que el propio Régimen se hiciera el harakiri para comenzar todos juntos una nueva etapa, los que estuvieron en la clandestinidad durante mucho tiempo y los que mantuvieron en un puño a este país, sin duda la mayor etapa de paz y prosperidad.

Los primeros años no fueron nada fáciles, demasiados le miraban con cierto recelo hasta que la noche del 23 de febrero de 1981 demostró firmeza y aplomo contra la intentona golpista del teniente coronel, Tejero. A partir de entonces quedaría para siempre legitimada su función por la inmensa mayoría de los ciudadanos, además de profesarle un enorme respeto y admiración.

Sin embargo, la época dorada y aquellos pactos de silencio con la prensa comenzaron a hacer aguas en los últimos años de su reinado cuando para colmo el descubrimiento de los escándalos que acucian a su hija y a su yerno, sus escarceos amorosos, las cacerías a hurtadillas y las desavenencias entre la propia familia, que cada vez más se han hecho notar les ha hecho caer en el descredito e incluso desprecio de una parte importante de la ciudadanía que ahora más que nunca precisa de un jefe de Estado que muestre actitudes sobrias, austeras y ejemplares.

Además en una España que está cambiando a pasos agigantados y que como es natural empieza a olvidar aquel legado de la transición porque no toda la vida se puede vivir de hazañas del pasado, la gente joven quiere cambios, quiere una monarquía más acorde con los nuevos tiempos, una institución que les sirva de verdad y en la que se sientan reflejados.

Por todo ello tal vez algunas voces autorizadas consideran que este ha sido el mejor momento para que don Felipe y doña Letizia tomen las riendas y puedan recuperar la credibilidad perdida por la institución. Sin duda el reto no es nada sencillo: Padecemos una terrible crisis económica, política y social, hay que solventar cuantiosos problemas de corrupción, la cuestión soberanista de Cataluña y regenerar las instituciones, entre ellas los dos grandes partidos que parecen hacer aguas.

De hecho un relevo en la corona tardío podría haber complicado las cosas a todos, esencialmente en lo referido a las Cortes, que podrían estar mucho más fragmentadas y ocupadas por grupos radicales como Podemos , que dificultarían la labor responsable que van a emprender los principales partidos.

Afortunadamente tanto nuestra Carta Magna como las dos Cámaras están lo suficientemente blindadas como para que no pueda estar en peligro la estabilidad de la nación, pero hemos de permanecer alerta y ser cautelosos ante las adversidades que se puedan avecinar en los próximos tiempos. Insistimos, con un escenario farragoso, una política que se tambalea, una calle exasperada y con un claro auge de los populismos y la extrema izquierda.

Son de agradecer gestos de altura como los que ha tenido estos días el Secretario General de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, para el que priman los intereses del Estado frente a los partidistas, frente al oportunismo del coordinador de IU, Cayo Lara e incluso de determinados sectores del Partido Socialista que una vez más reflejan su ceguera, su revanchismo y su escaso espíritu de Estado.

Numerosas han sido las personalidades que exigen tener derecho a elegir el modelo de Estado y por lo tanto a que se convoque un referéndum que ratifique si estamos conformes con la monarquía o por el contrario preferiríamos una república, desde hace varias jornadas infinidad de manifestaciones en diferentes ciudades españolas reclamaban un cambio, se trata en gran parte de los casos de jóvenes que no se sienten deuda con la monarquía porque ya han nacido con una democracia consolidada y porque además no entienden la utilidad de una institución hereditaria y aristocrática, propia de épocas antediluvianas como aseveran algunos.

Es una evolución natural, un avance social desde luego legítimo, pero que ha de ser analizado, digerido y estudiado. Un referéndum no puede ser convocado a tontas y a locas, debe contar con el consenso importante del Parlamento, no olvidemos que es ahí donde verdaderamente reside la soberanía popular, guste o no, sus señorías son los representantes de los ciudadanos y a través de sus votos llevan a cabo unas determinadas exigencias.

Consideramos que la consulta sería muy positiva para todos, incluso para la Casa Real, cuyo poder ya no quedaría en entredicho. España a pesar de algunos cambios, continúa satisfecha con la monarquía porque su gestión ha sido óptima a lo largo de varias décadas y sobre todo porque abundan las simpatías por don Juan Carlos y doña Sofía.

Ahora les depara a los nuevos reyes una tarea ingente para ganarse el respeto del pueblo. De momento, hacer un lavado de cara y después ser discretos, eficaces y cercanos, más cercanos de lo que son ahora. Don Felipe destaca por su extraordinaria formación, pero también por su carácter distante que en el caso de su consorte deriva en arrogancia. La infanta Leonor, que a partir de ahora se convertirá en princesa deberá dejar de estar apartada de los focos y las cámaras y acostumbrarse a tener una agenda oficial y a aparecer en los medios de comunicación. Las infantas doña Elena y doña Cristina pasarán definitivamente a un segundo plano, sobre todo la duquesa de Palma que tanto ha dañado la imagen de la institución. Así las cosas casi sin enterarnos vamos a cerrar en unos días una etapa para escribir otra, pero no solo en la Casa Real sino en el resto de las estructuras del Estado.

La marcha del Jefe del Estado significa que ha llegado un nuevo tiempo y que son nuevas gentes las que han de encabezar este proceso en la política española. De momento, Rubalcaba se retira y el PSOE permitirá elegir a su nuevo Secretario General a través de primarias en las que tendrán ocasión de votar todos los militantes.

Una militancia desencantada como es comprensible, pero a la vez desagradecida en muchos casos tanto con el gran legado de Rubalcaba como de sus antecesores. No se puede entender que algunas voces recién llegadas además se dediquen a desprestigiar a dirigentes como Juan Carlos Rodríguez Ibarra o Felipe González, entre otros, cuando es indiscutible que ambos están autorizados para opinar respecto a la forma de hacer política porque fueron ellos, los de su generación los que convirtieron al PSOE en un partido de gobierno, capaz de transformar la realidad social y de sentar las bases del estado del bienestar del que actualmente todos disfrutamos.

Vamos a dejarnos de medias tintas, de conflictos y de mediocridades y trabajemos en serio para recuperar la confianza del electorado de centro=izquierda, el PSOE ha de ser un partido accidentalista y por supuesto defensor de los valores socialdemócratas. basta ya de bandazos, unas veces socioliberales y otras tantas de izquierdas, tan de izquierdas que parece quiere hacer la competencia a IU y sus hermanos pequeños.

Es hora de emprender una intensa renovación en el seno político e institucional y concretamente en el PSOE, solo de esta manera los ciudadanos se reconciliarán con los principales poderes del Estado.

 

Reviews

  • Total Score 0%
User rating: 0.00% ( 0
votes )



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.