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Del paraguas al diálogo por el sueño democrático


Ainara Guerra Fernández – Madrid 10/10/2014

Tras casi dos semanas con la ciudad de Hong Kong paralizada por las protestas, el viernes 10 de octubre comenzará el diálogo entre líderes estudiantiles y el número dos del Ejecutivo local, Carrie Lam. Este encuentro, motivado por choque entre los deseos prodemocráticos de los manifestantes y la política electoral establecida por el Gobierno de Pekín el 31 de agosto, estará abierto a la prensa, no al público.

Comienza una nueva etapa en la historia de Hong Kong, la del diálogo. La reunión girará en torno al desarrollo constitucional del territorio autónomo. Sin embargo, la propuesta electoral que presentó Pekín en agosto no podrá ser discutida, siendo el verdadero motivo de disputa entre los hongkoneses y el régimen. La reforma propuesta por el Gobierno central estipula que los aspirantes a líder del Ejecutivo de Hong Kong serán designados por un colegio electoral de 1.200 miembros, provenientes de grupos empresariales y profesionales. Partiendo de esa base, los habitantes de la isla podrán votar a su candidato y este se podrá convertir en líder si se compromete a “amar tanto a la Nación (China) como a Hong Kong y no confrontar al Gobierno central chino”; tal y como declaró Qiao Xiayang, Presidente del Comité Legislativo.

Muy distintas son las aspiraciones del movimiento Occupy Central with Love and Peace (OCLP), los cuales promovieron los asentamientos permanentes y una oleada de protestas con el fin de conseguir la dimisión del jefe del Gobierno local, Leung Chun-Ying, así como conquistar el voto directo para elegir al líder del Ejecutivo local de Hong Kong y que este sea elegido por candidatos propuestos libremente.

La llama que detonó la revolución

Desde que el Gobierno central publicase el ‘Libro Blanco’, documento de 14.500 páginas en el que se establece que Hong Kong carece de “completa autonomía”, se ha sucedido una oleada de manifestaciones y un referéndum no formal en el que participaron casi 800.000 hongkoneses para lograr el sufragio universal. El momento más tenso entre el régimen y el moviento prodemocracia se dio el 27 de septiembre. El Gobierno central no respondió con tanques, como sí sucedió en Tiananmén en 1989. Sin embargo, no dudó en utilizar gas pimienta, gas lacrimógeno y bolas de goma disparadas contra quienes se manifestaban cerca de la sede del Gobierno central en el centro de Hong Kong. Lejos de apagar la lucha por el sueño democrático, los manifestantes se armaron con paraguas para hacer frente a las cargas policiales y ocuparon de forma permanente las calles, perfectamente organizados con puntos de primeros auxilios, de suministros de agua y comida y zonas de reciclaje, incluso para los paraguas rotos.

La censura reina en Hong Kong

El 1 de julio tuvo lugar la primera protesta con la conmemoración del 17 aniversario de la devolución de la ex colonia británica. Desde entonces se han dado casi 600 detenidos, incluidos el poeta chino Wang Zang, por posar en una fotografia con una paraguas en una mano y el dedo corazón de la otra levantado. Hechos como este muestran la censura existente en la isla, con el fin de que el fin de las manifestaciones no lleguen a los cientos de millones de internautas chinos. Instagram, Facebook, YouTube y Twitter están bloqueados en Hong Kong; y en el alternativo chino a esta última red social, Weibo, se han silenciado artículos y comentarios. Sin embargo, ya existen herramientas para saltar la barrera cibernética, como Firechat, la cual permite comunicarse mediante radio y sistema bluetooth. Según France Press, en un día se registraron más de 100.000 descargas en esta red social.

La revolución se desgastó

De reunirse 13.000 personas el 22 de septiembre en la plaza de la Universidad china de Hong Hong, bajo el lema “desobediencia civil: el destino en nuestras manos”, el número de manifestantes ha disminuido hasta solo quedar dos centenares en el barrio de Mong Kok; entre otras razones, debido a la violencia que sufrieron los manifestantes en esta zona por grupos progubernamentales. Además, el movimiento Occupy Central pide que se disuelvan los asentamientos ya que sino, no se producirán las negociaciones con el Gobierno central.

“Podemos decir que ha terminado la primera fase. Pero esto es un batalla a largo plazo” afirma el líder de la Federación de Estudiantes de Hong Kong. Tendremos que esperar a las negociaciones para saber si este movimiento en el tablero supone el fin del sueño democrático hongkonés, o si se trata del impulso necesario para ganar la lucha contra el régimen chino.

 

Fuente de la imagen: AFP

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