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La herencia incompleta de Mujica


El presidente uruguayo fue uno de los primeros ciudadanos en ir a votar.

Ainara Guerra Fernández – Madrid 31/10/2014

La presidencia de Mujica en Uruguay llega a su fin. Su población volverá a acudir a las urnas el próximo 30 de noviembre, dado que ninguno de los candidatos obtuvo el 50% de votos que se necesitan para ser presidente en una primera vuelta, celebrada el 26 de octubre.

Tabaré Vázquez, líder de la coalición izquierdista Frente Amplio, y Luis Alberto Lacalle Pou, del Partido Nacional, se disputarán la presidencia en la segunda vuelta, habiendo obtenido en la primera ronda de votos un 47,9% y un 30,9%, respectivamente. Les siguieron el Partido Colorado con el 12,9% y el Independiente, con el 3% de los votos escrutados. Tabaré Vázquez, que era el gran favorito un año atrás, con una trayectoria de un hombre honesto que presidió el país entre 2005 y 2010 y ha permanecido hasta hoy como el político más popular, incluso más que Mujica. Sin embargo, en escasos meses el diputado Luis Lacalle le ha recortado hasta hacer necesaria una segunda vuelta; aunque las encuestas errasen al adjudicar a Vázquez menos votos de los que finalmente obtuvo.

“Pepe” Mujica se despide de la Presidencia desde una pequeña “chacra” (granja) cercana a Montevideo, en donde vive con su mujer, Lucía Topolansky, y su perra de tres patas. Se inició en las líneas del conservador Partido Nacional, para después fundar junto a “otros históricos de la izquierda uruguaya”, el Movimiento de Liberación Nacional. Luego vino la lucha armada, militando en la guerrilla tupamara, la cual finalizó con un episodio de catorce años de su vida en la cárcel como uno de los rehenes del régimen castrense. Según el Presidente: “esos años de soledad fueron probablemente los que más me enseñaron”. La libertad le llevó a la política, sorprendiendo en 2004 al colocarse como el senador más votado de la historia del país.

El legado de un Presidente irrepetible

Llegan las elecciones de 2009, y el 52% de los uruguayos le eligen como Presidente. Mujica deja el país de Uruguay trasformado, cuyo esfuerzo ha sido valorado más allá de sus fronteras. De hecho, The economist reconoció a Uruguay como mejor país del 2013. Esta decisión se debe a medidas tales como la aprobación del matrimonio homosexual, por la cual Uruguay se convirtió en el segundo país de América Latina y el duodécimo en permitir las uniones entre personas del mismo sexo. Además, la prestigiosa publicación también destacó la reciente aprobación de la ley que regula la compra, venta y cultivo de marihuana bajo la supervisión del Estado. The economist argumentó que estas reformas “no solo mejorarían un país en particular sino que, en caso de ser emuladas, podrían beneficiar a todo el mundo”.

Pero el legado de Mujica va mucho más allá. Caracterizado por la austeridad y la sencillez, Mujica promovió en 2012 la despenalización del aborto hasta la semana doce de gestación, siempre y cuando se cumplan ciertos procedimientos regulados por el Estado. Durante su mandato, Uruguay registró el nivel de empleo más alto de la historia, con un desempleo que roza el 6,8% en junio del 2014 según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Bajó la pobreza, situándose en el segundo país con menor índice de pobreza y el primero con menor indigencia, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). A la par, desde que en 2010 Mujica accedió a la presidencia, los ingresos se han incrementado en un promedio de un 23% en cuanto al sueldo medio, y un aumento del 24% respecto pensiones y jubilaciones.

Deberes incompletos

Todas estas mejoras en el país sudamericano han conseguido que sonrían hasta las críticas más severas. Sin embargo, toda presidencia tiene sombras. En su primer discurso presidencial, Mujica prometió “educación, educación, educación y más educación”, pero el informe PISA de 2012 situó a Uruguay en el peor resultado de su historia, en el puesto 55 de 66 participantes.

A las promesas incumplidas, se une el trabajo medio hecho que Mujica deja en la presidencia uruguaya. Lacalle y Vázquez vaticinan un futuro dudoso para la práctica del comercio legal de marihuana, e incluso Lacalle advierte que derogará muchos artículos de la ley excepto el autocultivo. “La ley ha sido una formidable improvisación”, señala el expresidente Sanguinetti. “Dijo que se iba a vender a un dólar el gramo de marihuana. Pero ya las empresas concesionarias de la producción han dicho que no quieren vender tan barato. Con lo cual, ¿vamos a terminar subsidiando la marihuana mientras gravamos el tabaco?”

Además, los empresarios y la oposición acusan a Mujica de haber dejado invadir su política y la Administración del Estado por los sindicatos. También critican a Mujica por no haber aprovechado la innegable bonanza económica, para cumplir con su promesa de modernizar los trenes y subsanar el mal estado de las carreteras.

La otra sombra que oscurece su mandato es la inseguridad ciudadana, que se ha convertido en la primera preocupación de los uruguayos, según las encuestas. El año pasado la tasa de homicidios bajó un 3% respecto a la de 2012, pero aumentaron en un 8% las rapiñas, concepto asociado a los robos a mano armada. Cualquier vecino en Montevideo, relata algún atraco en la calle o robo en su casa. A Raúl Sendic, el candidato a vicepresidente por la coalición gobernante Frente Amplio, le robaron dos veces en tan solo cinco días el pasado febrero.

Fuera de sus fronteras, en cuanto a la política exterior practicada por Mujica, destaca el haber aceptado el traslado de seis presos de Guantánamo a cárceles uruguayas. Sin embargo, no se saben qué condiciones se van a seguir para el traslado. El ex presidente Sanguinetti añade: “¿Cómo los vamos a retener aquí uno o dos años? Seremos carceleros tan ilegales como Guantánamo. Al final ha dejado el embrollo para el siguiente Gobierno”.

Entre sus últimos movimientos en el tablero, destaca la negación de Mujica de recibir el Premio Novel de la Paz, defendiendo que no lo puede recibir en un mundo hecho un “desastre”. No le hacen falta reconocimientos a nivel internacional para darnos cuenta que en sus cinco años de presidencia abogó por la paz. Ha estado en lo más alto del poder, y podría haber hecho justicia contra quienes un día le hicieron rehén del régimen. Sin embargo, se sumergió de lleno en su país y consiguió situarlo en mapa internacional. Por ello y por la trasformación de Uruguay será recordado, y no por los objetivos que no llegó a conquistar, ya que como él mismo admite “la escalera del progreso humano es infinita”.

Fuente: AFP




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