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TTIP: el festín de las multinacionales


Luis Alejandro Pérez – Madrid 14/11/2014

Quiebra de los derechos laborales, fin de la normativa medioambiental, privatización de los servicios públicos… Estas son solo algunas de las pretensiones del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP), un plan que se teje con el fin de aumentar el comercio y la inversión entre las dos protagonistas del sistema internacional.

El tratado se compone básicamente de varios principios fundamentales, entre los que destaca el acceso al mercado, las normas regulatorias, las cuestiones reglamentarias y las barreras no arancelarias. Todos ellos persiguen un único fin: una apertura efectiva y recíproca de los respectivos mercados. Las negociaciones están teniendo lugar a través de la Comisión Europea. Para la supuesta entrada en vigor del tratado, se debe aprobar una mayoría cualificada, pasando además por una aprobación del Parlamento europeo y de cada uno de los Parlamentos nacionales. Sin embargo, el acuerdo se ha mantenido en secreto hasta hace muy poco tiempo, ya que los documentos y negociaciones –que incluyen sobre todo a grandes multinacionales- son opacos. Además se ha excluido de la negociación a los sindicatos y a otros grupos de la sociedad civil. El premio Nobel Josehp Stinglitz se ha manifestado contra la clandestinidad de las negociaciones: “No se entiende tanto secretismo, a no ser que lo que estén tramando sea algo realmente malo”, afirmó.

En caso de que llegue a concretarse el pacto, se internacionalizarán las normativas de todos los gobiernos. Esto originará una oleada de reformas nunca antes vistas. El TTIP será similar a una supraconstitución, que primará por encima de cualquier norma nacional. Una de las políticas más criticada será una cláusula de protección a inversores extranjeros, mediante la que las multinacionales podrán demandar a todos aquellos estados que aprueben leyes que limiten sus beneficios actuales o futuros.

Las principales perjudicadas serán las empresas nacionales, que serán incapaces de plantar cara a la alta competitividad que tendrán las cada vez más poderosas empresas extranjeras. Esto provocará una desaparición de los mercados locales en beneficio de las grandes entidades, que lograrán eliminar la competencia nacional. Los países menos competitivos como España, Portugal y Grecia serán los principales afectados.

La paradoja europea

Los supermercados europeos se plagarán de productos norteamericanos de ratificarse el tratado. Esto supone una paradoja, una contradicción total, ya que actualmente esos productos están prohibidos en la Unión Europea por motivos sanitarios o ecológicos. El 70 % de la comida comercializada en EE UU está manipulada mediante la genética y por ello la UE bloquea todas estas mercancías.

Lo mismo sucede con los datos privados y su protección. Europa ha protegido el espacio personal de los clientes durante años, sin embargo ahora se aplicará la normativa estadounidense, que permitirá a empresas como Facebook, Google o Microsoft acceder sin ningún margen a toda aquella información que requieran.

‘Stop TTIP’

La oposición al tratado ya se ha puesto en marcha mediante organismos como ‘stop TTIP’, que recientemente ha interpuesto una denuncia contra la Comisión Europea. El grupo en cuestión ha sido impulsado por sindicatos, campañas de justicia social, grupos de derechos humanos y defensores de los derechos del consumidor. Esta unión de manifestantes pretende hacer que Bruselas detenga sus negociaciones con EEUU. El pasado 10 de noviembre, varios activistas se manifestaron frente a la sede del Tribunal de Justicia en Luxemburgo con motivo de la presentación de la denuncia. No obstante, la corte europea deberá comprobar que el recurso cumple los requisitos para ser admitido a trámite.

De acordarse el tratado se completaría así un atentado contra los derechos laborales y una privatización de derechos públicos como la sanidad y la enseñanza. Este violento propósito refleja fielmente las garras de un capitalismo devastador. Estados Unidos completaría de esta manera su pretensión de redactar una constitución para la economía mundial, beneficiándose ella misma y a las multinacionales. Es estos momentos es cuando surge la inminente duda: ¿Dónde ha quedado la democracia?

 

Fuente de la imagen: www.eldiario.es

 




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