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Hamas aplaude y Netanyahu castiga



Ainara Guerra Fernández
– 21/11/2014

Jerusalén despertó la mañana del 18 de noviembre consternada. En Har Nof, barrio situado en el Noroeste de Jerusalén, dos palestinos irrumpieron en la sinagoga Kehilat Bnei Torah y mataron a cuatro civiles. Posteriormente, fueron abatidos por la policía. La quinta víctima, perteneciente a la fuerza israelí, moría esa noche tras haber sido tiroteado en el lugar de los hechos. El resultado: siete muertes en el ataque más mortífero que ha vivido la capital de Israel en seis años.

Ghasan Abu Jamal y Odai Abu Jamal irrumpieron tempranamente en la sinagoga. Lo que comenzaron con hachazos terminó en tiros, acabando con la vida de cuatro rabinos y dejando otros ocho heridos. Mientras la ira corría por el barrio en donde se produjo el crimen, los enfrentamientos se generalizaban entre grupos palestinos y las fuerzas israelíes en Jabal al Mukaber, lugar de procedencia de los asesinos.

Ambos autores trabajan en el vecindario del crimen, donde viven unas 20.000 personas, todos judíos religiosos, ultraortodoxos nacional-religiosos. Al conocer este hecho, figuras como Uri Maklef, diputado del partido religioso Judaísmo Unido de la Torá y vicepresidente de la Knesset (Parlamento israelí), ya han expresado que “con la nueva realidad que estamos viendo en Jerusalén, tenemos que tomar medidas y hay que pedir que no les concedan permisos de trabajo ni les den el visto bueno de seguridad a los árabes”.

¿Acto sin razón o venganza?

El jefe de la policía israelí, Yohanan Danino, define lo sucedido el pasado martes como “acto de lobos solitarios”. No obstante, según la BBC , las Brigadas de Abu Ali Mustafa, brazo armado del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), han reivindicado el ataque. Este grupo admite que el atentado es un “acto de venganza” por la muerte, el lunes, de Yusuf Hassan al Ramuni, un conductor palestino que apareció colgado en el autobús que él mismo conducía. La autopsia afirma que fue un suicidio, pero el forense árabe presente afirma que mostraba signos de “estrangulamiento” y hematomas post mortem, posible fruto de la manipulación del cuerpo. La familia cree que fue asesinado por colonos judíos.

Hamás aplaude, Netanyahu castiga

El grupo islamista Hamas ha aplaudido el atentado cometido por atacantes y lo ha definido como “una acción de calidad, heroica, y respuesta natural”. Mientras este grupo terrorista se deshacía en halagos, Netanyahu convocaba a su gabinete de seguridad. Como resultado de la reunión, se decidieron medidas de presión sobre los palestinos como la demolición de las casas de los atacantes, donde se detuvo a 12 parientes de los terroristas para ser interrogados; o la instalación de nuevos controles que dificultarán más la rutina en el este de Jerusalén.

“Mano de hierro contra los terroristas”

Es una acción terrorista y cobarde contra personas inocentes que sólo querían rezar y que nace de la incitación a la odio y violencia en las redes y medios de comunicación dependientes de la Autoridad Palestina de Abu Mazen. Hamas y otros grupos extremistas alientan estas acciones, por ejemplo, pidiendo venganza por la muerte de un palestino, anteayer, que según la autopsia y la policía no fue atacado, sino que se suicidó”, ha afirmado el ministro israelí de Seguridad Interna, Yitzhak Aharonovich.

Aharonovich ha dado instrucciones para facilitar que los civiles israelíes obtengan permisos de armas para defensa propia. Además, se pondrán vigilantes de seguridad en las sinagogas y se desplegarán cuatro compañías de policía de fronteras para vigilar mejor la ciudad. Todo ello responde a la repetida frase por Aharonovich: “Mano de hierro contra los terroristas”.

La historia no olvida

En lo que respecta a estos hechos, Estados Unidos habló de “puro acto de terror, de una brutalidad inasumible”, mientras la Unión Europea se mostró “horrorizada por el despreciable atentado”, que “puede perjudicar el camino hacia la paz”. “No existe justificación para este homicidio deliberado”, añadió Naciones Unidas. Sin embargo, civiles mueren diariamente en “Tierra Santa” por un conflicto propiciado por la comunidad internacional.

Los judíos, nación sin territorio, se asentaron bajo la connivencia de la comunidad internacional en un territorio con nación, Palestina. Este martes cinco personas pagaron las consecuencias de este hecho. Las revueltas entre israelíes y palestinos no cesan, al igual que la incertidumbre por no saber cuántas vidas quedan por arriesgar para que se llegue a una solución que se plantea entre dos naciones en un mismo territorio.

Fuente de la imagen: Finbarr O’Reilly, Reuters




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