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Del grafito al milagro


Luis Alejandro Pérez – Madrid 28/11/2014

Nadie jamás imaginó que de la punta de un lápiz pudiera brotar un teléfono móvil, una batería o un panel solar. Al menos hasta que descubrieron el grafeno, un derivado del grafito que  ya se ha convertido en el sueño febril de las empresas.

Más resistente que el acero, mejor conductor que el cobre y a su vez flexible: estas son solo algunas de las características que han hecho de este material un milagro científico. Esta vez, los europeos han sido los pioneros en la investigación de este elemento; de hecho, la UE puso en marcha en 2013 la iniciativa Graphene Flagship en la que se han invertido 1.000 millones de euros, dando lugar al mayor programa de I+D de la historia de la Unión Europea.

Muchos ya sostienen que el grafeno  hará acto de presencia en todos los rincones de nuestras vidas. El presidente del Consejo Ejecutivo de la Graphene Flagship Andrea Ferrari, afirmó que su alta conductividad eléctrica y su área de superficie por unidad de masa hace de él un material interesante para almacenar energía. Esto podría traducirse en la creación de baterías que se carguen en segundos o coches eléctricos desarrollados, entre otras genialidades.  Una investigación  reciente ha revelado que el grafeno posee además la cualidad de transformar los fotones de la luz en electrones; esto sería de gran ayuda para el desarrollo de paneles solares y consecuentemente un impulso para las energías renovables.

El grafeno en los mercados financieros 

De momento, el grafeno no cotiza como una materia prima en los mercados. Por ello las empresas se están limitando a invertir en corporaciones que manipulan este material, como las minas de grafito o las propias productoras de grafeno. Sin embargo, estas acciones se limitan a simples especulaciones basadas en aquellos que creen fielmente en su prosperidad. Actualmente, se está trabajando para reducir sus altos costes de producción, motivo que frena a muchos a la hora de apostar por la promesa energética.

Grandes multinacionales como Samsung, IBM, Nokia o SanDisk se sitúan a la cabeza a través de la financiación de investigaciones que aprovechen el potencial del derivado. Estas corren un gran riesgo, pues todas ellas son empresas de pequeña capitalización (no superan los 60 millones de dólares) que juegan más bien con la esperanza puesta en el compuesto.

Los analistas ya lo han dicho: hay que ser pacientes en las inversiones con grafeno. Cabe esperar al menos cinco años para comprobar si realmente va a cambiar el modus operandi de los terrícolas. Eso sí, aquellos que hayan apostado por él, podrían convertirse en los reyes del mercado. Ya se sabe que el empresario tiene un don para descubrir nuevas oportunidades, y para triunfar debe tener en cuenta el riesgo.

Un accidente que costó un Premio Nóbel

Muchos de los descubrimientos más extraordinarios de la historia de la humanidad han sido fruto de la suerte, de algo accidental. Los científicos lo denominan ‘serendipia’, que básicamente consiste en una probabilidad muy próxima a cero de descubrir algo mientras se está inmerso en otra investigación totalmente diferente. Así sucedió con el celofán, la dinamita o los tintes sintéticos. En 2004, a este grupo de grandes casualidades se unió el grafeno, gracias a dos físicos rusos, André Geim y Konstantin Novoselov. Ellos pudieron extraer por primera vez una capa de grafeno, aunque en los años 80 ya se había conseguido sintetizar el material. A través de pegar grafito en cinta adhesiva, descubrieron milagrosamente que los restos que quedaban pegados al papel eran monocapas cristalinas de grafito, es decir grafeno puro. Esta técnica se acabo denominando ‘exfoliado del grafeno’ y gracias a ella los dos técnicos recibieron el Premio Nóbel de Física en 2010.

Así como cuando Edwin Drake abrió las puertas al mundo del  petróleo, sin saber que estaba abriendo la caja de Pandora, podemos pensar que con el grafeno estamos también ante una nueva revolución multidisciplinar. Los científicos auguran: el futuro está aquí. Y podemos creerles, porque cuando se proponen algo, suelen conseguirlo. Anduvieron detrás de la bomba atómica, y por desgracia muchos comprobaron su resultado. Ansiaron volar por el espacio y ya son dueños de las estrellas. Así que la consolidación del grafeno es cuestión de tiempo, como también lo es que las empresas encuentren un nuevo Edén del negocio, ahora que el petróleo tiene los días contados.

Fuente de la imagen: Europa Press




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