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Nicolás y el imperio de los estúpidos


Sergio Rupérez – Zaragoza 28/11/2014

El sábado asistimos en Telecinco a un espectáculo, entre dantesco y vergonzante. El joven más famoso de España, Francisco Nicolás, concedía una entrevista al programa Un Tiempo Nuevo en sustitución del fallido Pablo Iglesias. Su estela era larga en los medios de comunicación, ya que sus imágenes con lo más granado de la política y sus supuestas relaciones con la inteligencia española habían copado todas las portadas, pero era la primera vez que reaparecía tras estar poco más de un mes desaparecido después de su detención.

La entrevista, anunciada a bombo y platillo por Mediaset, se hizo esperar como ya es marca en la casa. El comienzo del programa lo ocupó un pequeño debate de periodistas, o más bien una jaula de grillos profesionalizada, moderado por la presentadora Sandra Barneda y en el que solo destacó el análisis más o menos riguroso de Ana Terradillos, periodista experta en seguridad y terrorismo de la Cadena Ser.

El griterío pronto se adueñó de la tertulia, siendo Miguel Ángel Rodríguez y Ramoncín los auténticos representantes esa noche de la mediocridad televisiva berlusconiana. Y llegó el momento, Francisco Nicolás –Fran para los amigos- apareció en plató emocionando a la presentadora y despertando el fervor del público presente. El joven, que ya había concedido una pre entrevista a la cadena, donde dejaba entrever sus intenciones, apareció sonriente, como un niño con zapatos nuevos, y con ganas de conducir la conversación.

En la entrevista, los periodistas Esther Palomera, Jaime González y Marta Rivera de la Cruz intentaron sin éxito que el “pequeño Nicolás” diera algunas pinceladas de quien o quienes le habían mandado establecer relaciones al más alto nivel. Si bien el joven protagonista comentó con prepotencia, como si se tratara de una opereta de mal gusto, sus amistades con políticos, empresarios e incluso la Casa Real, no dio signos de pretender explicar a qué respondía que un veinteañero hubiera revolucionado la diplomacia político-mediática.

Pasados unos minutos, el jefe de opinión del diario ABC, Jaime González, comenzó a tomarse el programa como lo que fue, una sátira surrealista, y preguntó al entrevistado por su familia, sus relaciones personales y todo tipo de ocurrencias irrelevantes. El único interés que pudiera despertar el personaje, que era el político, había desaparecido totalmente de la entrevista. El circo estaba montado.

Al teatrillo creado se unió poco después la omnipresente Mariló Montero, una integrante más de la farsa televisiva española que tantos momentos de humor negro nos está brindando en esta larga crisis. La presentadora de Las Mañana de TVE, conocida por sus meteduras de pata y sus comentarios inclasificables ante temas delicados, no tuvo mejor idea que hacerse un “selfie” en directo con el famoso personaje. Ya estaban todas las piezas de este desgraciado puzle.

Dejando a un lado la fatídica entrevista, hay que reconocer que Francisco Nicolás, sea o no un mentiroso, es el reflejo de esta sociedad enferma y estúpida en la que vivimos, donde triunfan los inútiles y sinvergüenzas en detrimento de los humildes y sabios. Un país, España, desesperado, que vive obsesionado con los mediocres, a falta de que los que se supone serios den la talla. Una ciudadanía hastiada de canallas que se refugia en personajes que bien podrían aparecer en cualquier película berlanguiana. Triste realidad.

 Artículo de opinión publicado anteriormente en wwww.publicoscopia.com



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