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La novena abdicación española



Marta Casanova – Zaragoza 02/01/2015

Al borde de los 75 años, el entonces Rey Juan Carlos I, sorprendió al país el 2 de junio de 2014 al anunciar su abdicación. Lo que supondría el cierre de un periodo de casi cuatro décadas.

Juan Carlos I de Borbón representa, junto con Adolfo Suárez, una de las figuras cruciales de la transición española.

Tal fue su importancia, que al renunciar a los poderes heredados del dictador Francisco Franco, impulsó un proceso que terminó con la aprobación de la Constitución de 1978.       

Carta Magna -redactada por siete ponentes- que no dio opción a la III República. Convirtiendo a España en una monarquía parlamentaria en la que Juan Carlos I pasaba a desempeñar funciones meramente representativas.

La transición hizo que las españolas y españoles valoraran positivamente la figura del monarca. Hasta el punto que personas y partidos de ideología republicana acataran la monarquía y recurrieran a la tan escuchada frase de “Yo no soy monárquico, sino juancarlista”.

Este prestigio se reforzó tras su crucial intervención a favor de la legalidad democrática, en el intento golpista del 23 de febrero de 1981.

Por otro lado, en los últimos años del reinado, varios sucesos hicieron que el prestigio que tenía ante el pueblo español, disminuyera.

El divorcio de la Infanta Elena en 2009 turbó la paz de la Familia Real, si bien no dejo de tratarse de un asunto de ámbito privado.

En 2011, estalló un caso de corrupción que provocó gran indignación social –el caso Nóos– y que protagonizaba el yerno del Rey, Iñaki Urdangarín, que aprovechó durante años su vinculación con la monarquía para desviar fondos públicos a una organización que él mismo encabezaba.

Pero no menos decepción causó a los y las españolas, que creían en la figura de Juan Carlos I, la noticia que saltó en 2012: en un contexto de fuerte crisis, se supo -a raíz de un accidente donde se fracturó la cadera- que el Rey se hallaba cazando elefantes en Botswana. A raíz de ese safari, también se supo que estuvo acompañado por una mujer, la princesa danesa-alemana Corinna, a quien los medios europeos definieron como su “amante oficial” y la prensa española le llamó con un eufemístico “amiga entrañable del rey”. Una “amiga entrañable”, que conoce secretos de Estado y utiliza inmuebles estatales en sus estancias españolas. Además de recibir protección de los servicios de seguridad hispanos.

A la operación que se tuvo que someter el monarca para reducir la fractura de pelvis sufrida en el safari, se sumaron otras intervenciones quirúrgicas de distinta tipología. La suma de dolencias hizo que en sus apariciones se viera la figura de un Rey muy deteriorado, con una cojera evidente y en ocasiones, serias dificultades para hablar.

La decadencia de la monarquía española no es consecuencia directa de estos sucesos, pues bien cabe destacar el contexto en el que se suceden. Contexto donde en España reina el malestar ciudadano: con casi seis millones de personas en paro, el enfado con la clase política y la ola de casos de corrupción.

En la mayoría de los acontecimientos de la historia donde los monarcas son destronados, exiliados, u obligados a renunciar a la corona, coinciden dos factores: el primero, que el poder público (rey e instituciones) estaba en decadencia; y, el segundo, que el hambre, la miseria y la injusticia formaban parte de la vida cotidiana. Situaciones que en absoluto se alejan de la realidad española. Y como consecuencia, la población pone en entredicho al sistema.

Pues si bien la monarquía decrece, el movimiento republicano se encuentra en auge. El número de personas que se declaran republicanas ha aumentado en ocho puntos en los últimos cinco años. El incremento es especialmente fuerte entre los jóvenes, entre los cuales, por primera vez, el porcentaje de partidarios de la República supera al de monárquicos.

A raíz de los percances sucedidos, tanto los de salud de Juan Carlos I, como los de popularidad, se empieza a sospechar la posible abdicación por parte del Rey. Señalando también, que las figuras de Felipe y Leticia, ofrecerían una imagen más moderna y cercana al pueblo, y que por tanto, serían bien recibidos por la ciudadanía. Finalmente, tras abdicar, el rey justificó su decisión por motivos tales como su avanzada edad y la necesidad de un relevo generacional para hacer frente a los retos del futuro. El Rey, sorprendió a todos porque había asegurado tajantemente en el pasado que no abdicaría, negándolo repetidamente en público y en privado. Sorprendió porque justo ahora retomaba su agenda internacional (tres viajes consecutivos) y la Casa Real anunciaba que la percepción de la monarquía entre la población empezaba a remontar tímidamente, después de su espectacular caída. Lo que hizo que muchas personas se preguntaran por qué eligió este momento y que causas le han podido condicionar.




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