.
.

El Gobierno noruego, obligado a frenar la ley anti-mendicidad


Pobres Noruega

Luis Alejandro Pérez – Madrid 06/02/2015

Pedir limosna o propinar a un mendigo en Noruega podría haber sido delito en cuestión de días. Sin embargo, el Gobierno se ha visto obligado a dar marcha atrás.

La ley que pretendía acabar con la mendicidad en Noruega se ha visto truncada tras retirar su apoyo el Partido Centrista. Y es que sin el apoyo de éste, el Gobierno conservador no puede sacar adelante las medidas que ambos partidos aprobaron en julio.

Castigar la colaboración con la mendicidad no es aceptable. No puede ser punible darle a la gente ropas, comida o alojamiento”, ha declarado Marit Arnstad, líder parlamentaria de los centristas. Por ello, Vidar Brein-Karlsen, secretario de Estado de Justicia, se ha visto obligado a dar un paso atrás y ha confirmado que su departamento no realizará dichas reformas.

Una ley más que polémica

El Gobierno noruego pretendía reformar la ley para acabar con la mendicidad en todo el país. Para ello, había prometido sancionar con multas e incluso con penas de cárcel a todos aquellos que participasen en el acto: tanto la persona beneficiaria como la persona altruista. Sorprendentemente, esta ley ya estaba en funcionamiento en algunos municipios del país, pero la pretensión era nacionalizar la norma.

Aquellos proclives a la reforma, defiendían su postura basándose en que la mendicidad se ha convertido en sinónimo de criminalidad. Algunos, incluso, la han relacionado con delitos mucho más inicuos, como el tráfico de órganos. “Es necesario criminalizar a aquellos que ayudan a los mendigos y permitir que la policía pueda tomar medidas enérgicas para que la gente no venga a mendigar”, sostuvo el proprio Brien-Karlsen secretario de Estado de Justicia.

Los conservadores y la derecha xenófoba han intentado promulgar la ley a toda costa desde que se abolió en 2005 la famosa Ley de Vagos y Maleantes. Además, el Partido de Centro, antes de dar un giro inesperado retirando su apoyo, se mostró a favor en el Storting (Parlamento Noruego), lo que significaba que existía mayoría respecto a la implantación de esta propuesta.

La iniciativa provocó una lluvia de críticas en el resto de sectores sociales. La población manifestó su desacuerdo en las redes sociales y además, diversos grupos religiosos tacharon la ley en cuestión como “carente de ética”. La Defensora del Pueblo contra la Discriminación, Sunniva Ørstavik, mostró su preocupación debido a una posible discriminación de la población gitana y, por su parte, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, también manifestó su opinión a través de su comisario, Nils Muiznieks: “La propuesta es muy problemática. Les dije abiertamente a las autoridades que espero que no sigan con el proceso. Parece tentador usar métodos penales para tratar un problema social. La mendicidad es una cuestión de pobreza”.

Otros países ya atentan contra la pobreza

Cierto es que esta controversial medida no es única en su especie. Ciudades italianas como Padova ya castigaban esta práctica con cifras que alcanzaban hasta los 500 euros. Y sin ir más lejos, en nuestro propio país, no son pocos los alcaldes que desean acabar con los mendigos: ciudades como Sevilla o Valladolid penalizan acciones como rebuscar en la basura con multas de hasta 750 euros.

Si la ley del Gobierno noruego hubiese salido adelante, Charles Dickens o Mark Twain, entre otros, estarían de luto en un día como hoy. ¿Qué sería de Oliver Twist y de Tom Canty en un país que arremete contra la mendicidad? Héroes literarios criados en la calle entrando en la cárcel… ¡cuánto hubiera cambiado la historia! Pero no es necesario recurrir a los mundos prosaicos, podríamos hablar de Johnny Deep o Halle Berry, grandes personajes del mundo del cine que comenzaron su vida pidiendo limosna en las calles de sus ciudades natales y que hoy nos dedican sus excelentes interpretaciones en la gran pantalla. Ellos, en su día, recibieron ayuda, y gracias a ese pequeño impulso salieron adelante.

A veces, no es una elección sentarse a pedir en el asfalto gélido, con la nieve escandinava y el frío polar inundándote el cuerpo, para intentar vivir un día más. Es vergonzoso y atenta siempre contra el honor del padre o la madre, tener que pasear las fotos de sus hijos en público para que con un golpe de suerte alguien tienda su mano. No es del gusto de nadie, pero es una necesidad, y algo que viene funcionando desde hace eones.

Ayudar a quien lo necesita es una virtud, eso sí, muy distinta de la de presumir de ello, pero no deja de estar en nuestra naturaleza cándida, esa que tanto defendió Voltaire. Es paradójico que el país con mayor calidad de vida del mundo y ,además, uno de los más ricos, pretenda acabar ya no solo con los mendigos, sino con las caritativas manos que con toda su voluntad ofrecen su dinero a los más necesitados. El hecho de dar, muchas veces no significa, en términos monetarios, casi nada para el benefactor, sin embargo, para el que recibe, es un nuevo horizonte de posibilidades. Nadie está obligado a ello, pero es una ofensa contra la condición humana castigar a quién de corazón sí lo hace. Y tampoco se trata de posicionarse en aras de ese tema tan religioso de la caridad, remarco que tiene el mismo grado de miramiento el que decide otorgar que el que no lo hace, pues ambas posiciones tienen sus motivos y son justificables. Es evidente que existe otra cara de la moneda, en la que algunos se dedican a engañar, robar o traficar. Pero no puede permitirse que sigan pagando justos por pecadores: si se quiere acabar con el crimen habrá que luchar contra el crimen, no contra la bondad.

 

Fuente de la imagen: https://www.tumblr.com/search/homeless+

 

 




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.