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El Pacto de Minsk, en la cuerda floja


Cumbre de minsk

Miguel Ángel Rodríguez Rodríguez – Madrid 20/02/2015

La tensión existente entre Rusia y Ucrania va en aumento tras la entrada en vigor del alto el fuego el pasado domingo. Los diversos ataques por ambos bandos han generado una cierta inestabilidad, obligando a Poroshenko a pedir la intervención de las Naciones Unidas.

El pacto de Minsk firmado el pasado jueves día 12 por Fraçois Hollande, Angela Merkel, Petró Poroshenko y Vladimir Putin, dirigentes de Francia, Alemania, Ucrania y Rusia respectivamente, entró en vigor en la media noche del sábado al domingo. El acuerdo, ratificado por los dirigentes de los separatistas rusos, establecía un alto el fuego entre Ucrania y Rusia así como la retirada de armamento pesado. Además, se acordaba el intercambio de rehenes durante los siguientes 19 días. Finalmente, se establecía la obligación de realizar elecciones locales en Donesk y Lugansk, controladas por los separatistas, y la reforma constitucional para darle a dichas regiones un estatus específico.

Un día después de que los cuatro dirigentes se reunieran, las hostilidades continuaron a lo largo del este de Ucrania. La peor parte ocurrió en las zonas ocupadas por los prorrusos, donde murieron cerca de una treintena de personas. Fuerzas gubernamentales y rebeldes se repartieron las culpas por las muertes acaecidas durante los dos días anteriores del alto el fuego. Según los prorrusos, los bombardeos ucranianos a la ciudad de Donetsk dejaron tres fallecidos y cerca de una quincena de heridos.

Tras estos encarnizados enfrentamientos, Pável Klimkin, el ministro exterior ucraniano, declaró que los líderes de los rebeldes del este de Ucrania no serían indultados por el presidente Poroshenko. La amnistía a todos aquellos que habían participado en los combates del este de Ucrania, que se acordó en el plan de Minsk, se concretará en una ley que deberá ser aprobada por el Parlamento ucraniano.

Debáltsevo, enclave de vital importancia

Los combates que se desarrollaron durante el pasado lunes en la localidad de Debáltsevo pusieron sobre la cuerda floja la inestable tregua que había entrado en vigor apenas 48 horas antes. Debáltsevo, enclave ferroviario entre Donetsk y Lugansk, estaba ocupado por las fuerzas gubernamentales, las cuales, decían los separatistas, estaban sitiadas por el ejército rebelde. Desde Kiev se negó que esto fuera verdad y que los soldados que se encontraban en esta localidad cumplían órdenes de resistir en sus posiciones.

El conflicto entre ucranianos y prorrusos era la localización de Debáltsevo. Desde Kiev se aseguraba que la ciudad no pertenecía a la zona controlada por los rebeldes, sin embargo, las fuerzas separatistas argumentaban que la ciudad no se encontraba en la línea de confrontación, por lo que debía abandonarla el ejército ucraniano. En un primer momento, el gobierno ucraniano denegó dicha petición, aunque finalmente se vio obligado a aceptarla el pasado jueves. Petró Poroshenko afirmó que el 80% de los soldados que se encontraban en la ciudad sitiada han sido retirados tras los numerosos ataques sufridos desde el martes.

Un alto el fuego roto por segunda vez

Sin embargo, una vez que el conflicto en Debáltsevo se ha relajado, las confrontaciones entre fuerzas gubernamentales y rebeldes se han intensificado en otras partes del país. La situación actual en el pueblo de Shyrokine, cerca de la ciudad de Mariupol, es preocupante. Los separatistas prorrusos atacaron ayer, con fuego de morteros, este pequeño pueblo donde había fuerzas ucranianas.

Los cuatro dirigentes firmantes del acuerdo de Minsk mantuvieron una conversación telefónica después del ataque. El denominado “cuarteto de Normandía” estuvo de acuerdo en que se debía aplicar el alto el fuego de manera rigurosa. También se denunciaron varios ataques más por ambas partes. Pese a estar de acuerdo en la necesidad de cumplir la tregua, Vladimir Putin aseguro que la ofensiva sobre Shyrokine estaba justificada, pues se encuentra en suelo rebelde.

Finalmente, durante el día de ayer, el presidente ucraniano solicitó el envío de fuerzas de paz de Naciones Unidas en el este del país. Exige que haya ojeadores independientes para monitorizar el alto el fuego. Desde Moscú se piensa que esto podría suponer el incumplimiento del pacto de Minsk.

Solo nos quedará el mar

Una posible solución al problema ucraniano, que de momento se ha cobrado más de 5.000 vidas, se otea en el horizonte. Sin embargo, las crecientes tensiones entre el ejército ucraniano y los rebeldes hacen pensar en un desenlace peor. Una guerra que se podría trasladar a nivel mundial, dejando muestra, una vez más, de la insensatez de la raza humana. Y como decía Espronceda, en su canción del Pirata: “Allá muevan feroz guerra; ciegos reyes; por un palmo más de tierra; que yo tengo aquí por mío; cuanto abarca el mar bravío; a quien nadie impuso leyes.”. Un mar que será la única salvación para huir de la codicia humana.

 

 




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