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La cultura se muere en España


Librería

Sergio Rupérez – Zaragoza – 06/03/2015

El pasado año cerraron 912 librerías en todo el territorio español suponiendo una media de dos espacios clausurados al día. La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) ha presentado un mapa del sector nada alagüeño, que pone sobre la mesa la paulatina pérdida de valor del libro como elemento central de la cultura.

La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) ha presentado su mapa de librerías del año 2014, dentro del informe anual Observatorio de la Librería, que busca poner cifras a un sector que aporta al PIB un 0,7%, el mayor dentro de las industrias culturales.

Los datos dejan entrever que el sector librero y editorial sigue en crisis, como apuntan los libreros, y que el cierre de librerías desde el año 2008 ha sido imparable pasando de 7.074 establecimientos a 3.650, lo que supone una reducción a casi la mitad.

Desaparición de librerías

Según el informe presentado por la confederación, en 2014 cerraron casi 1000 librerías en España y se crearon 226, lo que se tradujo en un descenso de la facturación general del sector en 163 millones de euros.

Las ventas en librerías independientes, y librerías cuya facturación sobrepasa el 50% pero no son grandes cadenas ni superficies, continúan por tanto descendiendo representando ya una caída general del 11% desde el año 2011, que se suma a la bajada generalizada en el consumo de bienes culturales, que ya supone un 27% en comparación a datos de 2009. Pese a todo, el descenso se ha moderado, lo que unido a la apuesta decidida de algunos libreros, abre una puerta a la esperanza.

Para Juan Miguel Salvador, responsable de estudios de CEGAL e integrante de la librería Diógenes de Alcalá de Henares, el panorama “es una muestra del desprestigio que vive el libro en la sociedad española por su pérdida de valor como elemento central de la cultura”. Por otro lado, Pilar Gallego, presidenta de CEGAL y del Gremio de Editores de Madrid, lo tiene claro: “la falta de políticas adecuadas para la lectura por parte del Gobierno, de mejores campañas de marketing y de actividades dinamizadoras por nuestra parte” son factores que, junto a la aparición de la crisis, la piratería y nuevas empresas de distribución cultural a gran escala, como Amazon, han posibilitado esta situación.

En un país en el que sector librero está apoyado por 150.000 euros estatales, un dato positivo pero insuficiente, según los libreros, a diferencia de países como Francia con una inversión de 4 millones de euros, la reinvención y adaptación de los espacios es clara. Cada vez más librerías han apostado por crear espacios cafetería, por vender más productos además de libros, como en la librería Cálamo de Zaragoza que ofrecen vino, y por realizar actividades que atraigan y fidelicen a los clientes.

El sector editorial, en la cuerda floja

La desaparición de librerías es una consecuencia directa de la bajada del consumo de libros en España. El sector editorial español ha retrocedido, según los últimos datos, a 1994 en términos de facturación, y ya supone una caída de más del 40% desde el comienzo de la crisis.

Los datos hablan por sí solos. Según estimaciones, 300 millones de euros es la cantidad que deja de percibir el sector por la piratería, que con la subida del precio de los libros y la crisis lo han precipitado a una situación de emergencia.

Por ello, el pasado febrero, los editores españoles lanzaron un mensaje de alarma. La Federación de Gremios de Editores (FGEE), junto a otros profesionales del sector, presentó al Gobierno un Plan Integral de Fomento del Libro y la Lectura para evitar el que, en palabras del presidente de FGEE, Daniel Fernández, “es uno de los fracasos de la democracia”.

En el plan presentado se pide al Gobierno la equiparación del IVA de los libros físicos (4%) con los digitales (21%), la defensa de la propiedad intelectual y la recuperación del libro como centro de la vida cultural y el progreso. “Hay que ser conscientes de que esto no es solo un negocio y debe tener valores culturales”, afirmó Fernández.

El sector editorial español mueve cada año más de 3000 millones de euros y da empleo directo e indirecto a más de 30.000 personas, agrupándose hasta 850 empresas editoriales en FGEE que suponen el 97% de la facturación total.

Un país poco lector

A la crisis del sector librero y editorial se unen también los pésimos datos de lectura arrojados por el último barómetro del CIS. Según el sondeo, el 35% de los españoles afirma no leer “nunca o casi nunca” y además el 66,1% cree que en España “se lee poco”.

De ese 35%, el 42% dice que no lee porque “no le gusta” o “no le interesa” y alega que la subida del precio de los libros es una “cuestión secundaria”. A la pregunta sobre cuántos libros han leído en los últimos 12 meses, el 0,7% de los encuestados afirma que ninguno, el 7,5% que uno, el 42,5% de dos a cuatro y el 14,1 % 13 o más libros. La media es de de 8,69 libros al año.

Los datos del número de lectores contrastan con los de la producción editorial, que sitúa a España como una de las mayores potencias mundiales en publicación de libros, según cifras del Laboratorio del Libro.

Defender la cultura, imprescindible

Los datos muestran un panorama desolador. El sector librero y editorial español se enfrenta a una situación muy compleja que incluye la crisis, el alejamiento de la sociedad de la lectura, la creación de nuevos formatos y plataformas y en general el desprestigio de la cultura.

El Gobierno y las administraciones deben velar por la protección de la industria cultural, un ámbito social que, no solo sirve de divertimento, sino que además pone las bases para crear ciudadanos más cultos, críticos y conscientes de lo que les rodea. El libro es, aún hoy, la herramienta más importante para difundir la cultura y por ello debe ser accesible a todos los públicos sin discriminar por ningún tipo de sesgo interesado.

Aunque la situación es mala, no hay que cesar en el empeño de crear sociedades más concienciadas con la importancia de la cultura. Cuando el poder no responde, han de ser los ciudadanos los que ejecuten individualmente, de forma temporal eso sí, las responsabilidades intrínsecas de todo Estado.

Fuente de la imagen: Tanyible.com

 



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