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En la mayor democracia del mundo, no hay lugar para la mujer


Ainara Guerra Fernández – Madrid 13/03/15

Las calles se tiñeron de morado el pasado domingo para recordar los logros conseguidos en la larga y dura lucha a favor igualdad entre géneros. En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la BBC emitió el documental “La hija de la India”, dirigido por la realizadora británica Leesle Udwin, donde muestra el escaso avance en el reconocimiento de los derechos humanos del sector femenino en la India. Las declaraciones de un violador incluidas en la obra desataron la ira mundial, pero no se pudo visualizar en el país protagonista.

El 17% de las mujeres que pueblan el mundo habitan en la India, pero ser mujer en este país es un problema que padecen más de seiscientas millones de personas. Podemos observar este hecho en el documental dirigido por Leesle Udwin, que ha sembrado el desacuerdo mundial, no por la realización, sino por el contenido. El motivo radica en las estremecedoras declaraciones que recoge de un hombre condenado por violar y asesinar a una joven en 2012 en una brutal violación en grupo. De manera impasible, intenta justificar la muerte de la mujer, que falleció a causa de las heridas internas.

La noche del 16 de diciembre de 2012 una estudiante iba con un joven en un autobús en Nueva Delhi cuando fue violada y torturada por seis hombres. 13 días más tarde murió en un hospital de Singapur, conmocionando al país y provocando protestas sin precedentes sobre la indefensión de la mujer. Uno de esos hombres era Mukesh Singh, quien conducía el autobús. Este empañó el avance humano cuando admitió sobre este hecho que “una mujer decente no deambula por ahí a las 9 de la noche. Una chica es mucho más responsable de una violación que un chico“. Asintió que la muerte de la mujer fue culpa suya, por tratar de defenderse: “Cuando la violaban no tendría que haber luchado en su defensa. Tendría que haber permanecido en silencio y permitir la violación. Si lo hubiera hecho entonces la habrían dejado ir después de ‘hacérselo’ y sólo hubieran golpeado al varón”.

No es arrepentimiento lo que percibimos en sus palabras, sino que se enorgullece de su acto y lo defiende, pues admite que “sólo el 20% de las mujeres son buenas“. Singh considera que la gente “tiene derecho a darles una lección”, y que la mujer tendría que haberlo aceptado. Además, se aventura a alertar de que su condena a muerte provocará más violaciones y más muertes. “Ahora cuando violen, no dejarán a la chica como hicimos nosotros. La matarán“. Durante las dieciséis horas de entrevista, la impasibilidad solo se rompió por la sorpresa ante la importancia que le estaban dando a un hecho que según él, ocurre comúnmente.

Este sujeto simboliza la opinión común de la mayor democracia del mundo: la India, en la que se registra una violación cada 22 minutos, un tercio de ellas a niñas, aunque la denuncia por violación solo se registre cada 18 horas. Es una costumbre contemporánea, pues en este país los abusos sexuales se han disparado un 1.250 por ciento en escasos 40 años. Sin embargo, las causas de este hecho si son ancestrales, pues las mujeres indias siempre han sido relegadas a un segundo plano, como si de una extremidad de su padre o marido se tratase. En 2013 se registró el mayor número de casos “oficiales”, un total de 33.707 mujeres violadas. No obstante, si tenemos en cuenta la encuesta internacional de igualdad de género, donde una cuarta parte de indios consultados admite haber cometido al menos un acto de violencia sexual, la cifra podría ser entre 50 y 200 veces mayor. Ante estos datos, solamente el 25% de los acusados son condenados y los juicios llegan a tardar 7 años en celebrarse.

La India opta por la censura

“La hija de la India” iba a ser mostrado en India por el canal indio NDTV. Sin embargo, en tribunal de Nueva Delhi ha prohibido la emisión del documental. Tras la denuncia presentada por la Policía de la capital, el tribunal afirmó que el reportaje contiene declaraciones que incitan al “daño público, quebranta la paz y crea potenciales tensiones y problemas de orden público“, dijo el portavoz policial Rajan Bhagat. “El documental no puede mostrarse en la India”, afirmó Bhagat, y   así fue, pues el Ministerio de Información y Emisiones indio emitió una orden a los canales de televisión del país para que no emitan el filme, de acuerdo con la agencia india ANI. En las redes sociales muchos indios descalifican la prohibición del video y lo suben a sus páginas como protesta.

India no es un caso único. Tienes un serio problema si naces mujer en Afganistán, donde el 94% de las mujeres reciben castigos físicos; en la República Democrática del Congo, donde 1.152 mujeres son violadas diariamente; en Pakistán, en donde el 67% sufre discriminación en el reparto de las herencias; o en Somalia, en donde el 100% de las mujeres no tiene acceso a la educación. “La Hija de la India” es la voz que grita al mundo lo que sucede en países como los nombrados. En palabras de Leslee Udwin la realización de este trabajo le causó una sensación como si su alma se hubiese zambullido en alquitrán “y no hubiera producto de limpieza en este mundo que pudiera eliminar la mancha”. Todas las mujeres estamos sumergidas en alquitrán, y es tarea de todo aquel que se considere persona, erradicar una de las idiosincrasias contemporáneas indias. De nada sirve celebrar todos juntos el 8 de marzo sino lucháis los 364 días restantes con nosotras.

Fuente de la iamgen: avaaz.org

 




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