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La resistencia del capitán Netanyahu, la deriva del barco palestino


Ainara Guerra Fernández – 20/03/2015

Esta semana los israelíes han votado quién llevará el mando de su joven Estado. El partido Likud, liderado por el presidente Netanyahu, ha obtenido la victoria en las elecciones legislativas con una ventaja de seis escaños respecto a su principal rival, la coalición de centro izquierda, Campo Sionista. El partido de centroderecha se niega a abandonar el barco, elegido por una tripulación que no había participado tanto en las votaciones desde 1999.

A pesar de que los sondeos defendían un empate entre el partido Likud de Netanyahu y Campo Sionista, liderado por Isaac Herzog, Israel se despertó el miércoles con la clara victoria del primer ministro Benjamin Netanyahu. La estrategia empuñada en la recta final ha surtido efecto, y su giro nacionalista ha conseguido drenar los votos de otros partidos de la derecha más dura. El índice de participación se ha situado en 71,8%, según la Comisión Central Electoral, cuatro puntos superior al registrado en las elecciones celebradas en 2013, cuando se alcanzó el 67,8%.

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Fuente: El País.

La “fuerza y estabilidad” de la derecha israelí

Tras saber la victoria aunque lejos de la mayoría absoluta, el líder de Likud compareció en Tel Aviv, en donde defendió la necesidad de formar un gobierno “fuerte y estable” con todas las formaciones de derechas. Pretende formar una nueva coalición de Gobierno en un plazo de dos o tres semanas. Para ello, ha invitado a participar en las conversaciones a Bennet y a Liberman, a los partidos religiosos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, que suman 13 escaños, y al centrista Moshe Kahlon, que con 10 diputados ha irrumpido por primera vez con fuerza en la Knesset con un programa reformista.

El laborismo ha obtenido con Herzog sus mejores resultados desde 1996, que se ha consolidado como líder de la alternativa política a un centro derecha que lleva instalado en el poder en Israel desde hace 14 años. El reverso de la moneda es el hundimiento de Meretz, un partido de izquierda que contaba con 12 escaños hace dos décadas y que en los últimos comicios sólo ha obtenido cuatro diputados, justo en el límite de convertirse en fuerza extraparlamentaria.

Otra de las nuevas realidades de estas elecciones es que por primera vez, los árabes presentan una lista única, con la Liga Árabe Unida, que ha conseguido 14 escaños en el Parlamento israelí. En Israel hay 1.300.000 árabes que conforman  el 20% de la población, en su mayoría descendientes de los palestinos que se quedaron en esta tierra tras la creación de Israel, en 1948; y, casi todos, musulmanes. Tienen ciudadanía israelí, aunque muchos se sienten palestinos y forman mayorías en poblaciones como Nazaret. No obstante, lo que revela el voto mayoritario en estas elecciones dista de los deseos de este colectivo.

Lo que esconde el voto judío

La víspera de las elecciones, Netanyahu proclamó públicamente la promesa de no permitir la creación de un Estado palestino ni el desmantelamiento de los asentamientos judíos de Cisjordania. “Creo que cualquiera que dé pasos para establecer un estado palestino y evacuar territorios [en alusión a los asentamientos judíos en Cisjordania] abona el terreno a los ataques de los islamistas radicales contra Israel”, ha dicho Netanyahu en declaraciones al periódico digital NRG recogidas por Efe.

Estas promesas de campaña puedan acabar enterrando la solución de los dos Estados al conflicto palestino-israelí, y han generado la preocupación en Estados Unidos y en los países miembros de la Unión Europea. El negociador palestino Saeb Erekat advirtió este miércoles de que “el éxito de la campaña de Netanyahu se ha basado en la negación de los derechos fundamentales del pueblo palestino”. En la línea internacional, otro de los temas que mantiene en vilo a Occidente son las relaciones entre Irán e Israel, que hacen peligrar la unión entre el país judío y Estados Unidos. Netanyahu se opone al acuerdo nuclear que pretende establecerse entre las principales potencias mundiales e Irán.

Tras una campaña de más de 100 días el primer ministro del Likud ha logrado el objetivo que se propuso cuando disolvió la Knesset en diciembre. Ahora podrá contar con un Gobierno de centroderecha más homogéneo tras desembarazarse de ministros centristas molestos como Lapid y Tzipi Livni, que en estos comicios acabó aliándose con el laborismo. No obstante, la agenda de dureza precocinada por Netanyahu antes de las elecciones, con temas como al colectivo palestino o Irán, mantendrá a la comunidad internacional atenta sobre el devenir de este joven país.

Fuente de la imagen: elpais.com




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