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El Mediterráneo, de luto


Surviving immigrants disembark as they arrive by Italian coastguard ship Bruno Gregoretti in Catania's Harbour

Ainara Guerra Fernández – 24/04/2015

El Mediterráneo todavía no había recuperado sus aguas cristalinas desde el episodio del Lampedusa, cuando el pasado domingo conocimos que un pesquero había naufragado en las costas del norte de Libia, con cerca de 900 personas a bordo, de las cuales solo sobrevivieron 28 personas. Ello reabre la herida no cicatrizada de la ineficaz política de inmigración que lleva a cabo Europa, materia en la que, desde el naufragio de Lampedusa, no se ha demostrado ningún avance.

El pasado domingo el Mediterráneo albergó el que es su más oscuro recuerdo hasta ahora. Cerca de las costas libias, más de 800 personas murieron en el naufragio de un pesquero, entre los que se encontraban sirios, eritreos y somalíes de todas las edades. Solo fueron encontrados 28 supervivientes, de los cuales dos fueron detenidos: el capitán y su primero de abordo. Entre las principales causas del naufragio está el estado de embriaguez de quien dirigía el barco, lo que le llevó a realizar una maniobra nefasta ante un posible choque con otra embarcación. Quienes viajaban en el pesquero se consideraban los afortunados dentro de sus tierras, viajando en busca de un mejor futuro, pagando para ello altas cuantías de dinero. Hasta 3.200 euros pagaron los inmigrantes que iban en cubierta, entre 1.500 y 800 euros quienes iban en el interior y entre 500 y 300 euros quienes iban atrincherados en la bodega. El miedo del viaje es mucho menor a lo que pueden sufrir en su país, aunque al final invirtieron lo más valioso en esta trayectoria, sus vidas.

Italia amaneció el domingo consternada por el naufragio Sin embargo, hay quienes quieren revertir la cara de este suceso, como el partido de Berlusconi, Forza Italia, que en un intento de ganar votos a través de la xenofobia, emitió una imagen caricaturesca en la que podemos encontrar una persona de color sonriente sobre una frase en la que se puede leer: “Vacaciones en Italia. 35 euros al día. Alojamiento, comida, crédito para llamar por teléfono y cigarrillos”. Todos los que van en la embarcación tienen un aire sonriente, pero la realidad de los métodos para llegar a aguas occidentales dista mucho de la parodia. No estamos ante una cuestión que pueda ser utilizada como estrategia política contra el Gobierno de Matteo Renzi, nos encontramos ante una situación que evidencia la falta de respeto de derechos humanos hacia quienes deciden cruzar sus fronteras en busca de una vida mejor.

Forta Italia Xenofobia

Imagen difundida por el partido Forza Italia. Fuente. El Mundo

Mientras tanto, entre Lampedusa y este nuevo suceso en tierras libias, la Unión Europea y su agencia Frontex para la Cooperación en los límites de la Unión, trataban de enmascarar medidas de vigilancia y refuerzo de fronteras como si de asistencia de inmigrantes se tratase. Sin embargo, junto al naufragio cerca de las costas libias, el sistema para paliar estas situaciones también naufragó, pues el flujo migratorio sigue más activo que nunca, y las vidas arriesgadas en alta mar por llegar a conquistar Occidente, tampoco cesan. Entre las soluciones que se proponen ante esta realidad internacional está el bombardeo de los barcos de las mafias cuando se encuentren vacíos, establecer fuerzas militares europeas en los puntos donde más barcos zarpan, o implantar efectivos de Frontex que patrullen cerca de las costas libias para poder rescatar a tiempo a los inmigrantes. No obstante, todo ello no constituye más que un parche en una herida que no dejará de sangrar si no se sana. Se debe, al menos, aspirar a cicatrizar el golpe, yendo al germen del problema, el sistema político de los países emisores que han provocado esta situación, además de reestructurar las relaciones económicas que Norte y Sur comparten. ¿De qué sirve rescatar a personas y devolverlas a un Estado cuyo gobierno no es capaz de ofrecerles una estabilidad?

Nada se solucionará y la bomba terminará por detonar, mientras Occidente oficialmente coopere con los países que dejan marchar inmigrantes, y a la sombra consideren las tierras africanas como su banquete de extracción ilimitada y mal remunerada de recursos naturales. Si extirpan las riquezas de estos países para paliar los déficits que existen en el Norte, las naciones africanas no podrán regenerarse y ofrecer una vida digna a sus ciudadanos. Primero Lampedusa, ahora el naufragio cerca de Libia. ¿Habrá más escenarios teñidos de luto? Si Europa no abandona el monstruo de dos cabezas y apuesta por medidas sólidas con los países emigrantes, tendremos que leer nuevos capítulos oscuros en la historia del Mediterráneo.

Fuente de la iamgen: EFE




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