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25 vidas por la libertad


Periodistas

Ainara Guerra – Madrid 08/05/2015

158 personas encarceladas y 25 muertes por el simple hecho de ejercer de periodistas, recuerdan en el Día Internacional de la Libertad de Prensa, celebrado el 3 de mayo, que este derecho no se satisface por igual en todos los rincones del planeta. Muertes sin responsables ajusticiados cuya consecuencia inmediata ha sido la instalación de “agujeros negros” de información en territorios como Siria.

158 encarcelados y 25 muertes a día de hoy. El motivo de su pena: difundir información. Reporteros Sin Fronteras lleva una actualización diaria de estas cifras, junto con otros casos como el número de internautas encarcelados, que ya suman 176. China corona la lista de países que más personas ha encarcelado durante este año, mientras que en Francia es donde más periodistas han muerto, los ocho redactores de Charlie Hebdo, seguida por Sudán del Sur, con cinco muertes.

69 personas dieron la vida el pasado año por defender un derecho inherente en el periodista, necesario para ejercer su profesión: la libertad de prensa. Figuras como James Foley o el bloguero saudí Raef Badawi son una de las muchas caras que representan el duro golpe que recibió la libertad de prensa el pasado año. El primero fue secuestrado en Siria por yihadistas del Estado Islámico (EI) y degollado ante las cámaras en un alarde de propaganda radical islamista. El segundo fue condenado en Arabia Saudí a 10 años de cárcel por “insultar al islam” en su web, en la que difundía “ideas liberales”, a lo que se le sumó una pena de 1.000 latigazos en una plaza pública, a recibir en cómodos plazos de 50 semanales.

Radiografía de la libertad en el mundo

En África en 2014 disminuyeron las muertes, pero aumentó el acoso y la censura de los gobiernos, aspectos igual de hirientes para profesión. El escenario donde persiste el mayor peligro es en la República Centroafricana y Somalia, aunque en países como Eritrea ni siquiera existe la posibilidad de ejercer el periodismo libre. La proximidad de elecciones, o las campañas para aprobar leyes que permitan a los presidentes de regímenes autoritarios encadenar nuevos mandatos antes prohibidos, han sido en bastantes ocasiones el detonante para cierres de medios, sanciones, acosos y detenciones de periodistas.

En América, México y Brasil tienen el siniestro honor de ser los más mortíferos del continente. En estos países existe una violencia extrema hacia los periodistas con total impunidad, con agresiones, encarcelamientos o constantes. Más de 38 periodistas fueron agredidos durante la celebración del Mundial de Fútbol en Brasil y las autoridades, lejos de garantizar su seguridad, iniciaron una escalada de hostilidades hacia la prensa, a quien culpó de la tensión social reinante.

Europa pasa el 2014 con la sombra de nuevas leyes represivas, en países del Este como Turquía, Rusia, Azerbaiyán, Ucrania o Armenia. Allí las administraciones nacionales continuaron restringiendo la información por la vía legal, presentando enmiendas y leyes, en muchos casos ambiguas e inexactas. Además, el nicho europeo con más vidas de periodistas perdidas fue Ucrania, en donde los combates por la independencia costaron la vida de seis informadores, cuya verdadera batalla fue intentar descubrir la verdad de este cruento y oscuro conflicto.

En Asia las cárceles están colmadas de periodistas, blogueros, todo tipo de internautas, disidentes políticos y defensores de los derechos humanos que han intentado ejercer la libertad de expresión Las excusas legales para ello van desde tener vínculos con el terrorismo, poner en riesgo la seguridad del Estado o herir las sensibilidades religiosas hasta “delitos” tan dispares como abusar de las libertades democráticas o dejarse llevar por el nihilismo de las democracias occidentales.

El aumento de la violencia en Oriente Medio y el Magreb ha trastocado también la rutina periodística con la imposición de un estado de terror por parte de grupos armados como el autodenominado Estado Islámico, en Siria e Irak, y el recrudecimiento de conflictos como los de Libia, Yemen o Gaza. Del total de 66 periodistas asesinados durante este año en todo el mundo en el ejercicio de sus funciones, casi la mitad han muerto en esta región.

España y la libertad

La vida no la pierden quienes ejercen de periodistas en España, aunque organizaciones como la ONU advierten del peligro de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana aprobada en marzo de 2015 para el disfrute de su principal derecho de expresar y difundir información libremente. El Comité de Derechos Humanos de la ONU destaca que España es el único país de la Unión Europea que carece de “un órgano regulador nacional e independiente dedicado a la radiodifusión” como principal problema del periodismo español. La opinión pública nacional y extranjera ya ha nombrado esta ley como la “Ley Mordaza” por sus disposiciones restrictivas para la libertad de información, la libertad de expresión y la libertad de manifestación.

Gracias a esta ley, las fuerzas de seguridad podrán sancionar a periodistas y medios de comunicación que tomen o difundan imágenes “que puedan poner en peligro la seguridad de las fuerzas del orden”, “divulgando datos personales de los agentes o de locales protegidos” o “poniendo en peligro operaciones policiales”. Ello puede suceder aunque se cometan abusos policiales, ya que el Gobierno considera en estos casos el derecho del honor y la imagen por encima de la libertad de informar.

El miedo a arriesgar la vida para la consecución de la libertad ha provocado “agujeros negros” de la información en determinados lugares de la Tierra, como es Siria. Aquellos que arriesgaron su vida con tal de no emitir pura propaganda, o se acercaron al filo de los más inhumanos conflictos, ya no están aquí. Los freelances y corresponsales disminuyen ante el sangriento goteo diario de vidas de periodistas cuya mayor objetivo fue la defensa de la verdad. Los periodistas son los ojos de la sociedad global y sin ellos no hubiéramos sabido en 2014 de las atrocidades de Boko Haram, el caos ucraniano, la impunidad mexicana o el terror islámico. Las mordazas se ponen y los latigazos continúan contra lo que constituye el mayor pilar de la democracia global, la libre expresión.

Fuente de la imagen: www.almomento.mx

 




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