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Ideas, prejuicios y desalojos


Andrea Cuchillero Coll -Barcelona 08/05/2015

El miércoles a las 9 de la mañana se producía el desalojo del hogar social Ramiro Ledesma situado en la calle Bretón de los Herreros número 41 de Madrid. Los ocupantes de dicho edificio simpatizaban con la ideología neonazi y únicamente repartían comida , de la que recogían, a personas de nacionalidad española. El juez del juzgado número 24 de Madrid decidió desalojar el inmueble “porque podría causar un prejuicio en los intereses de terceros y en especial a la Tesorería General de la Seguridad Social así como los intereses generales”.

A las 8:30 de la mañana, 40 antidisturbios de la policía de Madrid, cerraban la calle Bretón de los Herreros a la altura del cruce con las Calles Lafuente y Alfonso Cano . Media hora más tarde, procedían a derribar la puerta de hierro que los separaba del interior del inmueble.

Esta no era la primera vez que se intentaba desalojar el edificio. El 24 de abril tras la sentencia del 17 de febrero, la policía se dirigió al lugar para desahuciar a los ocupantes del edificio pero el intento fue fallido. Una de las ocupas amenazó con tirarse des de la terraza, a cinco pisos de altura, si las fuerzas hacían un gesto de entrar.

La mujer, madre del único niño de dos años de edad que habitaba en el hogar social, no dudó en intentar lanzarse al vacío y por ello la policía esta segunda vez decidió sorprender a los ocupas sin notificar el deshaucio.

Así lo sostenía el jefe superior de la Policía: “Se ha producido por sorpresa, a modo de que ningún ocupa ha podido acceder a las alturas, proferir amenazas o interrumpir la actuación policial”. En el momento del desalojo se encontraban 15 personas en el interior del Hogar Social de Madrid, uno de ellos era un niño de dos años. También había un adulto que padecía una patología leve que según fuentes policiales fue remitido a los servicios sanitarios para su observación.

Antecedentes del Hogar Social Ramiro Ledesma

Cuatro meses atrás la policía desalojó al mismo colectivo de la sede que habían establecido en el edificio de Tetuán. El motivo, producir enfrentamientos y generar altercados contra los otros colectivos ocupas de extrema izquierda.

Los ocupas de ideología neonazi recogían alimentos que únicamente repartían alimentos a personas con nacionalidad Española. Por ello una de las ocupas que vivía en el edificio, mostraba una propaganda al salir, junto a una bandera española en la que se leía: “Soluciones para los españoles”, dejando claro que van a seguir haciendo lo mismo.

Melisa, de la que se desconoce su apellido y portavoz del colectivo de extrema derecha, respaldaba la actuación de su compañera: “Seguiremos haciendo lo mismo, ocuparemos otro edificio y por supuesto seguiremos repartiendo comida en la calle. Hemos llegado a un acuerdo para sacar los kilos de comida que tenemos y que no se echen a perder como pasó en Tetuán. Queremos ayudar a las familias españolas.”

Consecuencias del desalojo

Los ocupas del Hogar Social Felipe Ledesma no desisten en su lucha. Así lo decían las pancartas que se podían leer en la fachada del inmueble: “No podrán desalojar nuestras ideas”. Pero las fuerzas públicas tampoco se darán por vencidas.

Aún no se conocen las consecuencias directas de este desalojo, pero los miembros del colectivo están dispuestos a seguir con su actuación ya que “hacen el bien”.

Van a seguir repartiendo comida y esta vez en la calle. Esto puede ser conflictivo porque en épocas de crisis la gente, independientemente de su ideología, pasan hambre y necesidad ya que son muchos los que viven por debajo de la línea de la pobreza. Por un trozo de comida, de algo que llevarse a la boca o que pueda alimentar a sus hijos y mayores, por necesidad, pueden derivarse varios altercados que alteren el orden público de la vía y que terminen en actos violentos.

El desalojo del Hogar Social de Madrid, no se centra únicamente en un desahucio de una casa ocupa, sino que refleja una lucha ideológica aún viva en España que no quedó en el pasado ni está únicamente en los mayores. Una  brecha que no se ha cerrado en el país y que hace difícil la convivencia de algunas ideologías y muchas veces potencia el rechazo hacia otras culturas o razas. Quizás deberíamos eliminar  prejuicios y derribar muros producidos por el pasado porque al fin y al cabo, estamos hechos de la misma pasta.

Tal vez deberíamos, independientemente de lo que pensemos políticamente o de lo que creamos religiosa o moralmente, ayudarnos. Porque nunca se sabe cuándo se va necesitar la ayuda del inmigrante, o del religioso, del derechas o el de izquierdas. Las etiquetas denigran a la persona que cree en ellas. ¿No deberíamos ser más justos con nosotros mismos y consecuentemente con el resto del mundo?

Fuente de la imagen: www.20minutos.es 




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