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“Quien empieza quemando libros, acaba quemando personas”


EI

Ainara Guerra Fernández – Madrid 29/05/2015

“Quien empieza quemando libros acaba quemando personas”, admitía Heinrich Heine, poeta alemán del siglo XVIII. La destrucción de la cultura desemboca en la destrucción de la humanidad, y cada vez esta profecía se hace más latente en la escena internacional contemporánea, que tiene un claro enemigo: el fundamentalismo religioso. Esta semana hemos asistido a la llegada del Estado Islámico a Palmira, ciudad de suma importancia considerada Patrimonio de la Humanidad por Unesco. Al parecer los restos descansan intactos, aunque la alarma no cesa, más después de haber asistido a la destrucción de literatura y arquitectura en la ciudad iraquí de Mosul por parte del mismo grupo terrorista.

En Mosul, hace escasas semanas, el Estado Islámico comenzó un nuevo acto destructivo, que aunque no atente contra personas, es igual de aterrador: la destrucción de los restos arqueológicos y literarios que narran el origen de la humanidad. Las alarmas volvieron a estallar esta semana, ahora con la llegada del ISIS a Palmira, ciudad siria que retiene en sus entrañas importantes muestras arqueológicas. El grupo yihadista Estado Islámico asesinó este miércoles a veinte miembros de las fuerzas del régimen de Bachar al Asad en el teatro romano de la ciudad monumental. Donde antes se celebraban actos culturales, ahora se asiste al peor de los sucesos: el asesinato. Los balazos retumbaron entre los escombros mientras un grupo de civiles sirios asistía al perturbador espectáculo.

Con estos muertos se elevan a 237 el número de personas asesinadas por los yihadistas en Palmira y otras áreas que han tomado en el este de la provincia central siria de Homs desde el 16 de mayo, según los datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Entre esos fallecidos hay 67 civiles, de los que catorce eran menores de edad y cinco enfermeras, que murieron a manos del ISIS en las poblaciones de Al Sujna y Al Ameriya, y cerca de unas viviendas de oficiales del Ejército en Palmira, acusados de colaborar y esconder a efectivos del régimen en sus casas. Las autoridades sirias defienden una cifra de muertos superior y han asegurado que el ISIS habría decapitado a al menos 400 personas, en su mayoría niños, mujeres y ancianos, en Palmira desde el 20 de mayo, cuando el grupo terrorista se hizo con su dominio después de una semana de intensos combates con las tropas leales al régimen sirio, que terminaron rindiendo la ciudad tras evacuar parte de las estatuas y de la población civil.

El patrimonio de Palmira, todavía en pie

Las ruinas de Palmira son uno de los seis emplazamientos sirios que están incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Situada en un oasis, la ciudad fue en los siglos I y II d.C. uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo y punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda, que atravesaban el árido desierto del centro de Siria. Antes del inicio de la contienda en el país, en marzo de 2011, sus ruinas eran una de las principales atracciones turísticas del Estado árabe y de la región. El ISIS difundió un vídeo con supuestas imágenes de Palmira en el que aparentemente no se apreciaban daños en el lugar arqueológico, lo que fue confirmado por las autoridades sirias, que afirmaron que hasta ese momento no se habían registrado daños materiales.

Derrota contra los kurdos

Mientras se conquistaba la ciudad siria de Palmira, las milicias kurdas de Unidades de Protección del Pueblo han recuperado el control de alrededor de 4.000 kilómetros cuadrados en Al Hasaka, al noreste de Siria, gracias a una ofensiva que comenzó hace menos de un mes. A pesar del avance, el Estado Islámico todavía controla el cincuenta por ciento del territorio sirio.

El Estado Islámico cada vez ocupa más espacio en la memoria del 2015, tratándose del mayor enemigo de la humanidad presente. La quema de libros y destrucción de arquitectura histórica evoca su poco, o nulo, conocimiento del origen común de todos nosotros, independientemente de la religión, el color o la cultura. El asesinato sistemático evoca las peores inclinaciones del hombre contra sus semejantes, abanderando la defensa de una religión, con el objetivo de dividir aquello que es invisible, la raza humana. Todos los recuerdos que retienen el origen de la humanidad en Oriente están en peligro por aquellos que ven el escenario del siglo XXI con ojos del siglo VI. Si nos obligan a olvidar nuestro origen, difícil será conseguir la estabilidad en un futuro próximo.

Fuente de la imagen: www.elconfidencial.com




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