.
.

La difteria abre la discusión entre los partidarios y oponentes de la vacunación


Andrea Cuchillero Coll – Barcelona 12/06/2015

Tras 30 años erradicada, reaparece la difteria en España. Se trata de una enfermedad que afecta principalmente al sistema respiratorio pero que se extiende a otros órganos pudiendo provocar la muerte. Esta patología se había extinguido en España en los años 90. Pero hace aproximadamente una semana reapareció en Girona. Un niño de 6 años que no se estaba vacunado padece la enfermedad.

La difteria es una enfermedad causada por una bacteria llamada Corynebacterium diphtheriae que al manifestarse, produce la infección en los conductos respiratorios. En España estaba erradicada ya que el nivel de vacunación es del 95%.

Un niño residente en Olot (Girona) padece esta enfermedad aunque evoluciona favorablemente. Su pediatra, Stephan Schneider fue quien diagnosticó el caso ya que conocía bien la patología. Su abuelo y sus tías murieron de difteria y por ello reconoció los síntomas tras descartar otras enfermedades como la mononucleosis.

Schneider ya publicó en su blog en 2011, que la difteria podía reaparecer si no se vacunaba ya que un caso en Francia le puso en alerta. El doctor no había visto nunca los síntomas, buscó en internet y no aparecía ninguna imagen, pero junto a algunos de sus compañeros, consiguió identificar el caso y atender al paciente.

El pequeño fue trasladado inmediatamente a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Vall d’ Hebrón en Barcelona, para poder tratar el virus y evaluarlo con la tecnología de la que disfruta el centro sanitario y ayudar así a que no se propagara.

Esta patología ataca a las vías respiratorias más cercanas al exterior de la persona. Es decir, garganta y nariz. Pero no se para aquí, ya que se traslada por cuerpo a través de la sangre. Por ello, puede generar daños en otros órganos pudiendo provocar la muerte del enfermo. Los más débiles a la bacteria son el corazón y el cerebro.

Por ello, se hizo un estudio exhaustivo del entorno del menor y descartar más casos. Pero 8 niños cercanos al enfermo, también han desarrollado este virus. La diferencia con el primer infectado, es que ellos sí que estaban vacunados y aunque son portadores del virus, no padecen la enfermedad. Igualmente permanecerán en observación hasta que no haya riesgo de infección.

Otro adulto ha sido hospitalizado con el mismo cuadro que los ocho menores. Si no fuera por la vacuna, serían 10 las personas en riego afectadas por el virus de la Difteria.

 ¿Cómo reconocer la difteria?

Tras incubar el virus, es cuestión de una semana que la bacteria esté presente en el cuerpo del enfermo. Algunos de sus síntomas: dolor de garganta, escalofríos, secreción nasal y tos seca; pueden aparentar ser un resfriado o gripe común. Pero la secreción de babas, las úlceras cutáneas y el azulamiento de la piel, hacen que se identifique la difteria.

Esta enfermedad se puede contagiar con el simple estornudo de una persona que la padece. Las gotas que segrega el mismo, al ser aspirados por otra persona que no es portadora de la bacteria, ya la hacen infecciosa.

Además también es un virus que no se anula de la persona rápidamente si no está vacunada. Hasta pasadas dos semanas del primer síntoma o diagnóstico, la persona puede seguir contagiando al resto.

Vacunarse reduce el riesgo de infección y la propagación del virus 

La vacuna es una de las más eficaces y seguras que existen en el mercado. Consta de seis dosis que se van administrando poco a poco conforme el calendario de vacunación de las diferentes Comunidades Autónomas. Es con cinco cuando el paciente está totalmente inmunizado a la enfermedad. Se suele administrar junto a otras vacunas a los 2, 4, 6, 15 y 18 meses de vida del bebé. Más tarde en la adolescencia se suministra un refuerzo.

Inyectar la dosis hace que se activen las defensas ante la misma, de manera que la toxina que se introduce esta inactivada y no afecta al paciente en ningún aspecto.

Una vez diagnosticada la enfermedad, se puede curar administrando al paciente la antitoxina de la difteria que aminora la enfermedad, junto a una serie de antibióticos y oxígeno si tiene afectadas las vías respiratorias.

El virus tiene dos grados. Hay personas que pasan una difteria muy leve, sin sintomatologías graves. Pero otras pueden tener el riesgo de morir por disfunción hepática u obstrucción respiratoria. Se estima que el riesgo de muerte solo se manifiesta en una de cada 10 personas que padecen la enfermedad.

Los ocho niños portadores no son contagiosos

Tras conocer el caso, se pasó a analizar el entorno del menor. Un total de 30 personas fueron sometidas a un estudio epidemiológico para descartar la enfermedad.

Pero fue el martes pasado cuando se conocían 8 casos más. Pero los niños de entre 6 y siete años estaban vacunados y no padecían la enfermedad, aunque sí que podían contagiar a otras personas aportando consecuencias negativas a los no vacunados.

Por ello se procedió a suministrarles penicilina, que elimina totalmente la capacidad de contagiar la difteria. Por precaución Salut Pública, ha decidido aislar durante seis días a los 8 contagiados en sus respectivas residencias para prevenir la propagación de la bacteria ya que un 3% de los niños que viven en la comarca de La Garrotxa no han sido vacunados.

¿Debería legalizarse la vacunación en patologías contagiosas?

La difteria es una de las enfermedades que se consiguió erradicar en la época de los 90. Esto se consiguió con la implantación de la inyección en el calendario de vacunaciones de las Comunidades Autónomas.

Otras enfermedades como las “paperas” o el “sarampión” también se consiguieron erradicar en España gracias a las vacunas que se fueron haciendo más comunes a medida que se implantaba la transición.

Pero ha sido con la llegada masiva de personas que proceden o viven en países que no forman parte de la Unión Europea, cuando estas enfermedades han reaparecido ya que no es tan usual vacunar a los ciudadanos. Ya sea por motivos religiosos o por falta de recursos. Por ello, se quiere promover un calendario de vacunación que impida reavivar enfermedades extinguidas.

Por tanto, algunas de estas vacunas que impiden una muerte prematura, deberían ser obligatorias ya que facilitan la vida a los pacientes. Pero el problema radica en que algunas religiones como la musulmana no aceptan la inyección de fármacos, así como algunas personas que se niegan a recibir productos químicos no naturales en sus cuerpos y por ello no se puede violar ese derecho a la intimidad.

Las vacunas únicamente se suministran por un bien al ciudadano y quizás sí que debería existir una legislación que obligara a la vacunación en casos muy extremos en los que se puede debatir entre la vida y la muerte de la persona, siempre y cuando se dé un consentimiento previo y se acepte el aislamiento del paciente en caso de no querer obtener el fármaco.

Una ley sanitaria que defendiera las vacunaciones, favorecería el desarrollo de algunos países en los que las tasas de mortalidad se sitúan en los 30 años. Aportaría un crecimiento en la pirámide de población que favorecería a la homeostasis y al crecimiento productivo e industrial del país libre de enfermedades mortales.

La Difteria como la Gripe A, la Gripe Aviar o el Ébola, han abierto la discusión entre los partidarios y detractores de la implantación de las vacunas a menores, jóvenes y ancianos. Una brecha que abrieron ecologistas y farmacéuticas durante los años 60 en EEUU y que se ha propagado pero no se ha conseguido cerrar aunque las enfermedades sigan apareciendo sin motivo aparente.

Fuente de la imagen: www.elconfidencial.com




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.