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Por un periodismo vigilante


Sergio Rupérez – Zaragoza 26/06/2015

Los domingos se han convertido ya en cita imprescindible en la televisión. El 24 de febrero de 2008 se estrenaba en La Sexta el programa Salvados, conducido por el periodista Jordi Évole. Una serie de reportajes que buscaban reflejar la realidad política, social y económica de nuestro país mostrando a personas de todo tipo con una visión crítica que invitara a reflexionar.

El formato, a simple vista arriesgado, no parecía llamado a cosechar grandes éxitos en un país acostumbrado por aquel entonces a una televisión facilona, basada únicamente en el entrenamiento puro y duro. Pero de sorpresas vive el mundo, coincidiendo con la crisis, la sociedad comenzó a acercarse a estas nuevas ventanas a la actualidad, en busca seguramente de respuestas a problemas cotidianos. El programa fue con el tiempo ganando espectadores que se convirtieron rápidamente en seguidores de ese periodista incomodo e insistente que se metía semana tras semana en berenjenales que parecían imposibles de visibilizar tiempo atrás.

Évole ha ido repasando estos últimos años temas de interés general como el fútbol, la Iglesia, los sindicatos, los partidos políticos, el independentismo o la corrupción intentando siempre ofrecer una visión lo más plural posible, implicando a distintos agentes y arriesgando hasta el final, soportando por ello como es lógico las presiones propias de trabajar para un canal de televisión dependiente de una gran empresa mediática como es el Grupo Planeta.

Dos de sus reportajes mas mediáticos e impactantes fueron Operación Palace y la entrevista al etarra Iñaki Rekarte. El primero no fue un Salvados al uso, pero buscó alertar mediante el formato mockumentary (falso documental) a la sociedad sobre un tema, el 23-F, del que por desgracia todavía existen sombras. Con respecto a la entrevista, el Salvados que cerró esta tercera temporada, Jordi Évole se embarcó en una entrevista con un etarra que asesinó a tres personas en un atentado con Rekarte. El periodista buscó como siempre escarbar en la historia sin buscar el sensacionalismo, realizando las preguntas apropiadas, que visibilizaran un momento negro de la historia de España.

Acostumbrados ya a los reportajes de Évole, en 2013 La Sexta, convertida ya en la cadena política por excelencia tras TVE, apostó por un formato de entrevistas denominado El Objetivo que conduciría la periodista, recién despedida de Los Desayunos de la cadena pública, Ana Pastor. El programa, al igual que Salvados, era un formato arriesgado, ya que rescataba las entrevistas políticas en un país que sufría de sequía de ese tipo de formatos desde hacía tiempo. Pero no era un programa de entrevistas al uso, haciendo gala del incombustible estilo de Ana Pastor se orientaba más hacia un modelo muy analítico que obligaba a los políticos a retratarse, algo que se antojaba difícil en un país tan politizado e ideologizado como el nuestro. Pastor inició de hecho con su programa el denominado fact-checking o verificación de los hechos, un sistema anglosajón de control de los datos que persigue la transparencia y el rigor de las informaciones.

Con el tiempo, fueron desfilando por su plató, como ya lo hicieran en el pasado en la TVE de Fran Llorente, políticos de todos los partidos que se enfrentaron a las preguntas directas y profundamente documentadas de Pastor. Como es lógico, pronto se ganó la enemistad de números políticos, algunos de los cuales nunca se atrevieron a pasar el examen. Pero lo que ocurrió a su vez, no solo no es lógico, sino más bien un fenómeno peligroso y decepcionante: la crítica fanática de algunos espectadores.

“Impertinente”, “pesada” o “sectaria” fueron y son algunos de calificativos más suaves que se ha tenido que escuchar la periodista por realizar su trabajo de forma impecable, a los que se unen las amenazas y los típicos insultos machistas de aquellos que no soportan que una mujer lleve la iniciativa. Y sí, es muy triste, triste que ciudadanos critiquen a una periodista por cuestionar a los políticos, por arrojar luz donde no la hay y dar respuestas a una sociedad que no goza precisamente de gran cultura democrática. Triste por preferir el sectarismo fanático a la crítica reflexiva. Las siglas, a las ideas.

Jordi Évole y Ana Pastor no son, está claro, los únicos periodistas que creen en el periodismo independiente, que ponen contra las cuerdas al poder. Hay muchos profesionales, estoy seguro, que han creído y creen en la misma forma de trabajar y que se arriesgan por perseguir la verdad. Pero ellos son hoy, sin lugar a dudas, unos referentes para los que, como el que les habla, buscan contribuir a informar a la sociedad de todo lo que ocurre a sus alrededor y de lo que su servidores públicos, es decir los políticos, hacen, o no, en el ejercicio de su trabajo. El único camino para una mejor Democracia.

Fuente de la imagen: www.formultatv.com



Blogger Redactor en Madeinzaragoza, OcioUrbanoZaragoza y ScennicMagazine. También en TempusFugitNews. Periodista en construcción...


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