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Acuerdo tras 50 años de radiación


Margallo Acuerdo Radiación

Andrea Valladolid Ruipérez – Madrid 23/10/2015

El secretario de Estado de EEUU, John Jerry, y el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García Margallo firmaron el pasado lunes 19 de octubre una declaración de intenciones para alcanzar un acuerdo que acabe con la radiación existente en la localidad almeriense de Palomares desde enero de 1966, cuando cuatro bombas termonucleares estadounidenses colisionaron en la zona. El propósito a corto plazo de este pacto no oficial es el traspaso de las tierras dañadas a territorio estadounidense.

El acuerdo firmado por los dos responsables de Asuntos Exteriores no tiene validez jurídica. No obstante, sí supone un compromiso por parte de ambos Gobiernos para concertar un “acuerdo vinculante” que delimite las obligaciones de ambas partes, así como las “condiciones técnicas, financieras y jurídicas” de la operación. Todavía no se ha especificado el coste que tendrá el procedimiento, ni el plazo en el que se llevará a cabo. Sin embargo, tanto Kerry como Margallo han manifestado su intención de rehabilitar los 50.000 metros cúbicos de tierra contaminada lo más rápido posible.

Algunos vecinos de Palomares acogen con alegría y esperanza el acuerdo. Otros todavía dudan de que, después de casi 50 años de la caída accidental de las bombas nucleares, la situación vaya a mejorar. Así lo corrobora Antonio Fernández, alcalde de la localidad Almeriense: “Hasta que no haya hechos más concretos, la gente no acabará de creérselo.”

Por su parte, la Junta de Andalucía ha evitado pronunciarse hasta conocer el contenido exacto de la declaración. El consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, José Fiscal, ha defendido que si el convenio va a servir para “corregir un problema histórico, tendrá que ser positivo”. Pero también ha destacado “el escepticismo” que ha suscitado en ciertos sectores interesados en el asunto.

El coordinador federal de Izquierda Unida, Cayo Lara, ha sido uno de los primeros en mostrar su reticencia: “Ahora se acuerdan de un hecho de hace 50 años y se van a llevar la tierra a Estados Unidos”. También ha aprovechado su comparecencia para exigir al gobierno de Barack Obama la retirada de las bases militares estadounidenses que hay en España: “Ya que se llevan la tierra cincienta años después podían negociar y se llevan también las bases.”

50 años de negociaciones e investigaciones

Este acuerdo llega a punto de cumplirse 50 años del día que el cielo de Palomares experimentó el mayor accidente con armas nucleares sobre población civil de la historia. El día 17 de enero de 1966 el bombardero estadounidense B-52 colisionó con el avión cisterna KC-130 del que repostaba. Este choque provocó la caída de cuatro bombas termonucleares, más potentes que las de Hiroshima y Nagasaki. Dos de ellas fueron recuperadas intactas, pero las otras dos soltaron parte de la carga, que se esparció por mar y tierra en forma de plutonio, uranio y americio.

Las Fuerzas Armadas estadounidenses identificaron al instante la zona afectada por la radiación, llamada Línea Cero. Más de 740 personas, 600 de las Fuerzas Aéreas americanas, trabajaron en la reparación del suelo y las cosechas. Así, lograron trasladarse a Carolina del Sur 1.400 toneladas de tierra y restos vegetales contaminados. Una operación que costó 80 millones de dólares de la época a EEUU.

Tras esta intervención y los acuerdos firmados entre el Departamento de Energía de EEUU y la Junta de Energía Nuclear comenzó el “Proyecto Índalo.” Su fin era la medición de la contaminación del suelo, la fauna y la flora, así como el seguimiento de la población potencialmente afectada. Más allá de los corrientes análisis de sangre a los vecinos, el asunto fue arrinconado durante décadas.

Sin embargo, la situación cambió cuando, a finales de los noventa, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y tecnológicas (Ciemat) publicó diversos estudios que señalaron el riesgo de que los movimientos de tierra provocados por la burbuja inmobiliaria esparcieran las partículas contaminantes de los suelos a los alimentos o al aire, de tal forma que pudieran ser inhaladas o ingeridas. Por ello, en 2003, el Gobierno de José María Aznar concretó la expropiación de las tierras contaminadas. El asunto ha sido abordado por los sucesivos gobiernos, pero sin alcanzar una solución definitiva.

Desde que se iniciaran en 1996 los programas de vigilancia e investigación, los informes del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) explican que no se ha encontrado ningún indicio de morbilidad estimulada por contaminación o de patología causada por el esparcimiento de la carga radioactiva. Según el Ciemat, el porcentaje de población expuesta a la radicación es muy bajo e irrelevante ya que los terrenos de las zonas afectadas están vallados y son inaccesibles.

Consecuencias sociales del accidente

El documental “Operación Flecha Rota”, estrenado en 2007 y realizado por profesionales almerienses, dedicó más de quince años a recabar información de testigos españoles y estadounidenses implicados en el suceso. Entre otras cosas, el largometraje reconstruye el accidente e incluye testimonios inéditos que ayudan a esclarecer ciertas polémicas.

Una de las cuestiones principales que denuncia el documental es el distinto tratamiento dado al incidente en la prensa española y la prensa extranjera. José Herrera, guionista y director de la película, comenta: “Hemos recabado titulares de periódicos de España, Estados Unidos, la URSS, el Reino Unido, Japón y Francia. El accidente fue manipulado por todos (…) En el documental demostramos que las bombas estaban armadas, en contra de lo que siempre se afirmó, pero como no se introdujeron los códigos de seguridad, no llegó a explotar su carga mortífera.” Herrera se queja de la censura que existió en España donde los principales periódicos aseguraron que no había radioactividad. Mientras tanto, la prensa estadounidense sí reconocía su presencia.

El documental pretende “sobre todo, un acto de justicia con los vecinos” al lamentar el tratamiento que estos recibieron en los medios: “Los mostraron como si fueran unos pícaros y unos ladrones que querían indemnizaciones excesivas”, comenta Herrera. “Operación Flecha Rota” también destaca las pésimas consecuencias económicas que el accidente tuvo para las localidades almerienses de Palomares y Villaricos, cuyos productos agrícolas o pesqueros dejaron de venderse en los mercados. Estas dificultades trajeron consigo hambruna y revueltas de la población.

La demora en las negociaciones y los más de 50 años sin una solución clara al problema de la radiación han acabado con la paciencia de muchos almerienses y han propiciado un clima de desconfianza hacia sus gobernantes. Hoy, el acuerdo definitivo que rehabilite los terrenos dañados por las bombas parece estar más cerca que nunca. Sin embargo, el dolor y la indignación son secuelas imborrables para muchos vecinos de Palomares.

Fuente de la imagen: El Confidencial




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