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El mundo se enfrenta a un nuevo reto: combatir el cambio climático


El País (2)

Andrea Valladolid Ruipérez – Madrid 04/12/2015

La Cumbre del Clima de París (COP21), celebrada entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre, reúne a representantes de 195 países del mundo con el objetivo de firmar un nuevo acuerdo global que frene el cambio climático. La fórmula del nuevo tratado, que entraría en vigor a partir de 2020, se basa en que cada país aporte voluntariamente sus compromisos de reducción de los gases del efecto invernadero. Pese a la fuerte implicación que han mostrado los líderes de las principales potencias del G20 y de China, todavía hay que esperar unos días para saber si habrá un acuerdo definitivo. No obstante, la lucha contra el cambio climático ya es un hecho que muchos países contemplan en su legislación nacional y que miles de ciudadanos están dispuestos a asumir.

Los países que participan en la cumbre firmaron en 1992 la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), un tratado internacional que reconocía la magnitud del calentamiento global pero que no aportó medidas concretas. De los 195 Estados tan sólo 37 ratificaron el Protocolo de Kioto en 1997, que establecía objetivos específicos para la reducción de gases, pero que sólo cubría el 11% de las emisiones mundiales. Diez años después de que Kioto entrara en vigor se han reducido las emisiones de los países firmantes en un 22%, una cifra muy superior al 5% que se había fijado. Sin embargo, la temperatura del planeta ha seguido aumentando ya que las principales potencias emisoras, como China o EEUU, no participaron en el acuerdo.

¿Qué plantea el nuevo pacto global contra el cambio climático?

A diferencia del Protocolo de Kioto, que implicaba únicamente a los países industrializados, el nuevo acuerdo incluye también a las potencias en desarrollo. Uno de sus principales objetivos es que, a final de siglo, la temperatura global del planeta no supere los 2 grados, límite fijado por la ciencia como crítico. Otra de las metas es establecer medidas que permitan la adaptación de los países más subdesarrollados a las consecuencias del cambio climático. Para ello, se prevé la creación del denominado Fondo Verde para el Clima que contaría, a partir de 2020, con 100.000 millones de dólares anuales. Algunos países insisten en que sólo las naciones más desarrolladas deberían contribuir a la financiación, por ser los que han desencadenado el problema. Sin embargo, esto dejaría fuera a potencias como China. En la primera sesión de la cumbre del Clima de París, celebrada el pasado lunes 30 de noviembre, el presidente de EEUU, Barack Obama, y su homólogo chino, Xi Jinping, han coincidido en que la recaudación de estos fondos es fundamental para lograr la eficacia del acuerdo.

Otro de los asuntos que más nerviosismo despierta es el de la vinculación jurídica del pacto. La Unión Europea exige que el acuerdo tenga apartados legalmente vinculantes, algo que llevó a EEUU a rechazar la ratificación del Pacto de Kioto. Tampoco China se comprometió a reducir sus emisiones de gases en 1997. En esta primera sesión, ninguna de las dos primeras potencias mundiales ha hecho votos por un acuerdo vinculante. Sin embargo, han apostado por una transformación energética, por un acuerdo global y supervisado, y han ofrecido su ayuda a los países en desarrollo. “Represento al segundo país más contaminador. Asumiremos nuestras responsabilidades”, ha señalado el presidente norteamericano, Barack Obama. Algo refrendado por el representante del país más contaminante del planeta, Xi Jinping.

Ángela Merkel ha sido la única en proponer una economía totalmente libre de emisiones de dióxido de carbono: “Hemos contaminado mucho. Por tanto, debemos estar en la vanguardia de las energías limpias”. Por su parte, François Hollande ha querido resaltar que son los países en desarrollo los más afectados por la contaminación provocada por los países más industrializados por lo que es necesario “buscar justicia climática y pactos de equidad entre el norte y el sur.” El presidente español, Mariano Rajoy, ha asegurado que el cambio climático es “el mayor reto medioambiental al que nos enfrentamos” y ha anunciado que si gana las próximas elecciones implantará una Ley de Cambio Climático que reduzca las emisiones, mejore la eficiencia energética y potencie las energías renovables. Previamente a la cumbre, Mariano Rajoy rectificó en una entrevista a la Cadena Ser sus declaraciones del año 2007 en las que aseguraba que el cambio climático no podía ser considerado un problema a nivel mundial.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon ha señalado que “un momento político como el que estamos viviendo quizás no pueda volver a repetirse.” Para él y para los más de 195 países que tratarán de fijar un acuerdo global antes del 11 de diciembre, “el cambio es inevitable.” Un cambio que más de 570.000 personas de todo el mundo han pedido en las 2.300 marchas por el clima celebradas en las principales ciudades de todo el mundo, según datos de la ONG Avaaz. En París, lo que comenzó siendo una movilización pacífica se transformó en una serie de enfrentamientos entre un grupo de activistas violentos y las fuerzas de seguridad. El altercado acabó con 289 detenidos.

El cambio climático: ¿Qué es y cuáles son sus consecuencias?

Lo que llamamos “cambio climático” es un problema basado en el exceso de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que provoca que la temperatura del planeta aumente más de lo debido. Según la mayor parte de la comunidad científica, las actividades industriales, el transporte y la agricultura han sido factores clave para aumentar la concentración de gases. Los científicos del IPCC de la ONU aseguran que si la situación no cambia, la temperatura media global del planeta subirá entre 3,7 y 4,8 grados en 2100. Esto también afectará a fenómenos climáticos extremos como las sequías, los ciclones o las inundaciones.

Un hecho justificado en el último informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EEUU que, tras analizar 28 fenómenos extremos en todo el mundo, concluye que el cambio climático ha intensificado la magnitud de 14 desastres naturales, así como la probabilidad de que nuevos episodios de este tipo sucedan. Por otro lado, estos fenómenos meteorológicos extremos junto a otras consecuencias del cambio climático, como los cambios de patrones de las enfermedades o la degradación de los abastecimientos de agua y de alimentos, podrían causar “250.000 muertes adicionales cada año durante el periodo 2030 – 2050”, según ha afirmado la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además, la Organización Meteorológica Mundial pronostica que 2015 será el año más cálido desde que hay registros fiables. La OMM ha relacionado este hecho con el calentamiento global, ya que la acumulación de gases del efecto invernadero también ha alcanzado niveles históricos. Los científicos del IPCC explican que, aunque es imposible impedir que la temperatura media global siga aumentando, sí se puede limitar a dos grados el incremento previsto para 2100. Esto podría evitar, no sólo algunos desastres naturales, sino también la extinción de algunas de las más de 23.000 especies de plantas y animales amenazadas por la degradación del hábitat.

No obstante, según las previsiones de la ONU, la suma de los compromisos fijados por algunos países implicados en la cumbre de París no lograría los objetivos previstos ya que la temperatura media del planeta aumentaría como mínimo 2,7 grados. Además, las emisiones de gases seguirían creciendo hasta 2030, aunque a un ritmo menor que en las últimas décadas. Los expertos de la ONU defienden que es el momento límite para emprender acciones ya que, de lo contrario, se llegaría a un punto irreversible a final de siglo.

El ministro francés de asuntos exteriores, Laurent Fabius, apuntó el 28 de noviembre en una entrevista con El País que “la lucha contra el cambio climático y la lucha contra el terrorismo serán los dos principales desafíos del siglo XXI.” La actitud de las grandes potencias en las primeras sesiones de la Cumbre del Clima de París y las últimas manifestaciones ciudadanas han refrendado la existencia de un compromiso generalizado con el medio ambiente. Sin embargo, combatir el cambio climático es algo que requiere la implicación de todos. La suma de pequeños actos cotidianos aparentemente irrelevantes, como reducir el uso del plástico, vender productos usados como artículos de segunda mano o emplear una tecnología eficiente, pueden salvar el planeta y la vida de nuestras generaciones futuras.




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