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Intenso comienzo de la XI legislatura


Sergio Rupérez – Zaragoza – 22/01/2016

El pasado 13 de enero se dio inicio a la XI Legislatura en el Congreso de los Diputados tras unos comicios que han abierto la puerta a nuevas formaciones y fracturado el bipartidismo. A partir de ahora comienza la carrera por los pactos que decidirán, si no se precipita un escenario de nuevas elecciones, un futuro gobierno de la nación.

El miércoles 13 de enero comenzó una nueva legislatura en la Cámara Baja tras las elecciones celebradas el pasado 20 de diciembre, donde se pudo certificar que el arco parlamentario amplía su pluralidad con la llegada de dos partidos, Podemos y Ciudadanos, dispuestos a cercar a los tradicionales PP y PSOE.

La sesión inaugural se constituyó ya desde primera hora con la votación secreta de los 350 diputados con asiento en el Hemiciclo para elegir la Mesa del Congreso, que daría pie al nuevo presidente del parlamento, en este caso el socialista Patxi López, con los 130 votos de PSOE y Ciudadanos en segunda votación. Podemos a última hora había presentado a Carolina Bescansa que tan solo recibió 71 papeletas, en su mayoría de su partido y con dos de Izquierda Unida.

Tras la elección del López al frente de la cámara, se prosiguió con la votación de las vicepresidencias, dos para el PP, una para el PSOE y otra para Podemos y las vicesecretarias, dos para Ciudadanos, una para PP y una para En Comú Podem, que conformarían la mesa.

En el caso de la Cámara Alta, el Senado, muchas veces olvidado, la estructura quedó conformada por su actual presidente, Pío García Escudero, vicepresidencias para PP y PSOE y de las cuatro vicesecretarías, dos para PP, una para PSOE y una para el PNV, dejando de esta forma a Podemos fuera, hecho que causó controversia en el seno de la formación morada.

Un inicio no exento de polémica

La entrada de Ciudadanos, Podemos y los diversas formaciones asociadas ha supuesto que la tradicional bicefalia entre socialistas y populares, con sus respectivas polémicas añadidas, se haya ampliado a una macedonia que ya en los primeros días ha dejado entrever las importantes divergencias.

Y es que la formación de los grupos parlamentarios ha sido un auténtico quebradero de cabeza para los diputados, en especial para los de Podemos, que exigían cuatro grupos diferenciados, uno como formación y otros tres para las regiones de Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia en confluencia. La propuesta, cuya interpretación no queda aclarada en el reglamento, hacía peligrar además las relaciones entre los de Iglesias y el PSOE.

Con el paso de los días la posibilidad de división se alejó y finalmente Podemos se constituyó como grupo único “plurinacional” con las confluencias catalana y gallega y produciéndose una ruptura con la valenciana, que se divide entre un subgrupo dentro de los morados y otro directo al grupo mixto, haciéndose efectivas las desavenencias entre Mónica Oltra, vicepresidenta de Compromis, e Iglesias.

Poco antes de constituirse finalmente los grupos, saltó otra polémica que sacudió también a grupos izquierdistas y nacionalistas. PP y Ciudadanos, con mayoría en la mesa, tumbaron finalmente el grupo que iba a formarse entre Esquerra Republicana, Izquierda Unida y Bildu por, según ellos, constituir un “fraude de ley” al querer tan solo “obtener subvenciones”.

El nuevo parlamento

Superadas las polémicas, el miércoles se cerró finalmente el plazo para conformar los grupos que finalmente estructurarían el Hemiciclo. La lista final incluye agrupaciones para PP, PSOE, Podemos-EnComú-Podem-EnMarea, Ciudadanos, Democràcia i Llibertat y PNV.

Por otro lado, el grupo mixto se compone de los diputados de UPN, Foro, Coalición Canaria y Nueva Canarias, a los que se unen también los parlamentarios de ERC-Bildu-IU, rechazados finalmente como grupo único, los cuatro diputados de Compromis, desligados de Podemos, y el diputado popular, Pedro Gómez de la Serna, apartado de su grupo por un presunto cobro de comisiones a empresas.

En el caso del Senado, la estructura final se compone del grupo popular, el grupo socialista, Podemos, Democràcia i Llibertat (DIL), ERC, el grupo vasco y el grupo mixto.

Tiempo de pactos

Formado el Congreso, un importante paso salvada la situación de atasco parlamentario que surgió tras el 20-D, las formaciones se encaminan ya hacia los posibles pactos de investidura que podrían dar lugar a un nuevo gobierno o que nos encaminarían hacia unos nuevos comicios.

Los escenarios que se manejan son muy heterogéneos y mezclan a las tradicionales fuerzas bipartidistas con las más recientes, que se han consolidado como imprescindibles para nombrar presidente.

La gran coalición, sostenida por los populares desde hace un tiempo, y que incluye un pacto a la alemana con los socialistas, es a día de hoy la opción más descartable pues Sánchez se ha negado en rotundo. Rajoy quedaría solo por tanto en su empeño por diseñar un gobierno con su histórico contrincante político.

Otra opción, más plural, que se vislumbra también en el horizonte es la posibilidad de realizar un gobierno de PP, apoyado por Ciudadanos y con la abstención del PSOE. Aunque, según el propio líder de la formación naranja, Albert Rivera, es una opción “difícil”.

Pero si hay un pacto que sí parece tener razón de ser, o al menos es lo que barajan cada vez más partidos, es el que daría La Moncloa a Pedro Sánchez. Tanto Ciudadanos, como incluso el PP, parecen otear ya la posibilidad como la más factible, más si cabe tras conocerse el apoyo explícito a su investidura de Izquierda Unida, En Marea y Compromis, a la espera de la confirmación de Podemos.

Conocido el panorama de pactos, habrá de ser el rey Felipe VI quien, tras su reunión con todas las formaciones, a excepción de ERC y Bildu, elija al candidato para la primera votación. Se espera que Mariano Rajoy sea presentado por liderar la lista más votada, como así ha ocurrido siempre en Democracia, aunque también se valora la figura de Sánchez, por sus posibilidades reales de gobernar.

Un país necesitado de acción

España se encuentra en un momento político efervescente. Las nuevas formaciones han entrado de lleno en la actividad parlamentaria y llegan con intención de cambiar de forma más o menos profunda el funcionamiento de nuestra Democracia.

No obstante, el tradicional bipartidismo sigue en pie, y todavía conforma una mayoría considerable en el Congreso, lo que abre la puerta a un tiempo de transición más suave de lo que se apuntaba en un principio. Fuerzas nuevas y clásicas deberán convivir buscando siempre responder a una realidad plural que los ciudadanos les han demostrado en las urnas.

Nuestros políticos han de entender sin fisuras el mensaje ciudadano de cambio, pues de no hacerlo cometerían una dejación de funciones que en nada beneficia a la articulación democrática del país. La sociedad pide consensos, una altura de miras necesaria en un momento complejo de emergencia social en el que se deben consolidar los pilares que marquen nuestro futuro como nación. Y eso, sin lugar a dudas, implica elegir un presidente con celeridad que responda al interés parlamentario y que pueda acometer cuanto antes las reformas necesarias para el país.

Sin unas medidas de calado pactadas que busquen solucionar los mayores problemas de nuestro tiempo como son el desgarro del Estado de bienestar, la cuestiones territoriales como la catalana y la generación de empleo de calidad la situación no variará y el fracaso de los nuevos aires condenará a la ciudadanía a hundirse todavía más en la desafección, algo nada recomendable para un Estado que debe creer más que nunca en la política.

Fuenre de la imagen: EFE



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