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Gervasio Sánchez: “El periodismo que se hace en España es de mala calidad”


Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) ha cubierto, cámara en mano, conflictos armados en todo el mundo entre los que destacan la Guerra del Golfo y la Guerra de Bosnia. Premio Nacional de Fotografía en 2009, Gervasio Sánchez se muestra muy crítico con la situación del periodismo en España. Hablamos con él en el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada donde presenta su nueva exposición, ‘Vida’.

PREGUNTA: Nuevo libro, nueva exposición, fotografías en conflictos bélicos… y el proyecto se llama ‘Vida’. ¿Por qué?

GERVASIO SÁNCHEZ: Bueno, ha sido una decisión del comisario Gerardo Mosquera, que es un hombre de gran prestigio en el mundo del arte contemporáneo y la fotografía. Quiso desde hace dos años visionar mi obra de forma distinta, tanto la obra publicada como la obra inédita. La ha mezclado como él ha querido, ha intentado sacar todas las fotografías que ha visto, las fotografías que él considera de más relevancia por la fuerza que tienen y les ha dado un sentido. La vida es algo que viene antes de la muerte. Hay vida incluso en el desastre.

P: ¿Hay algún límite a la hora de hacer una fotografía?

G: Yo creo que poner límites a la fotografía es un error. Te pongo un ejemplo: Imagínate que yo llego a un sitio donde hay media docena de mujeres muertas después de haber sido violadas, y que incluso hay menores de edad. La imagen que ves evidencia que han sido violadas. ¿Qué hago? ¿Fotografío? ¿O no fotografió? Yo voy a fotografiarlo todo, y todo es todo porque serán pruebas contundentes contra los que han hecho esa brutalidad. Si hay un juicio contra ellos, las fotografías serán testigo.

¿Las publico? No las publico. Buscaré un encuadre que sea suficientemente cuidadoso para no maltratar aún más a estas mujeres que han sido víctimas de una brutalidad como esa. Pero buscaré un encuadre que permita mostrar que en este lugar hay mujeres violadas y asesinadas, y que esto es parte de la guerra.

P: Entonces, vas a un conflicto, haces fotografías con el objetivo de difundir lo que está sucediendo, denunciarlo, y cuando ves la realidad de la guerra, ¿con qué sensación te vas?

G: Bueno, yo cuando voy a una zona de conflicto hago mi trabajo, que no solamente es fotografiar porque yo aparte escribo y también hago radio. Es decir, tengo suficiente trabajo como para centrarme claramente en lo que voy a hacer, buscar la información fotográfica, literaria y radiofónica para luego poder ejercer mi trabajo e intentar hacerlo con la calidad suficiente para que llegue a todo el mundo.

Dar una información periodística siempre es complicado porque hay que buscar un espacio, unas transmisiones, una situación de emergencia. Si luego tienen más o menos impacto… Yo he hecho historias que han tenido mucho impacto. He hecho algunas historias que no me han costado mucho pero han tenido un gran impacto, y otras que, al contrario, consideras que tenían que haber tenido más transcendencia.

P: ¿Crees que en España se informa bien?

G: No, el periodismo que se hace en España es de mala calidad en general, desde hace mucho tiempo. No solamente por culpa de la crisis, eso es una excusa barata. La crisis económica ha mandado a miles y miles de periodistas a la calle. Evidentemente se lo ha puesto complicado a los medios, pero el periodismo se empezó a hacer mal cuando más dinero se ganaba. Se ganaba gracias a que los medios mantenían relación con las empresas multinacionales, bancos, cajas de ahorros… y a cambio de publicidad, incluían una serie de normas para silenciar informaciones que fueran negativas para estas empresas. Entonces, cuando se dejó de vigilar al poder político y al poder económico, se empezó a hacer mal periodismo. Y empezó, insisto, en los tiempos que más dinero se ganaba.

P: ¿Qué influencia tienen entonces las grandes empresas en los medios de comunicación?

G: Una influencia brutalmente negativa. Las multinacionales y los bancos están en los medios para controlarlos y, evidentemente, van a  imponer con fuerza una serie de medidas de autocensura que, quien no las cumpla, se va a quedar sin trabajo.

P: En una entrevista, Antonio Pampliega dice que en Irak se gastó 1.500 euros y recuperó 700. Que en el Líbano invirtió 2.000 y percibió 900. Con estas condiciones de trabajo, ¿realmente merece la pena jugarse la vida?

G: Eso ya pasaba hace 30 años. Yo trabajé de camarero durante muchos años de mi vida. Entre los 15 y los 24 para ayudar en casa y estudiar periodismo. Pagué mis estudios de mi propio bolsillo trabajando en un restaurante en una playa de Tarragona. Y desde los 24 que acabé la carrera hasta los 31 que dejé de trabajar como periodista, también trabajé para equilibrar los gastos y los ingresos porque con lo que me pagaban por mis trabajos no llegaba para cubrir los gastos en zonas de conflicto y en viajes internacionales. Es decir, eso ya pasaba hace 30 años cuando se ganaba muchísimo dinero en el periodismo español.

Hoy en día es casi imposible que un periodista español pueda vivir de lo que ingresa trabajando en medios de comunicación españoles. De hecho, la mayoría de los periodistas españoles y fotógrafos que consiguen trabajar lo hacen con medios extranjeros.

P: En un mundo cada vez más conectado, ¿cómo están influyendo las redes sociales en el periodismo?

G: Cuando yo estaba en Sarajevo me la jugaba porque sólo había tres ó cuatro teléfonos satélite en toda la ciudad. Yo no he podido transmitir por no tener una línea de transmisión… No voy a ser el que vaya a negar las nuevas tecnologías, al contrario. La posibilidad de estar en Kabul, en Bagdad y poder transmitir en cualquier momento, incluso hacer un diario por Twitter, me parece maravilloso. Si me preguntas si eso mejora la calidad el periodismo, entonces ya reculo.

P: Escuchándote no se pueden sacar muchas conclusiones positivas de la situación actual del periodismo… ¿Qué le dirías a alguien que se quiera dedicar a ello?

G: Mira, yo jamás le diría a un joven que se olvidara del periodismo. Para mí esta profesión… para mí el periodismo es pasión y compromiso, yo creo en este oficio a pesar de como están las cosas, a pesar de la cantidad de sinvergüenzas que están situados en los lugares clave, a pesar de los empresarios sin escrúpulos que son mentirosos, cínicos e hipócritas, que se permiten el lujo de hablar ex cathedra cuando les preguntan en entrevistas.

A pesar de todo esto yo sigo creyendo en esta profesión. Sigo creyendo que el periodismo es tan importante para una sociedad como la sanidad y como la educación, y que una buena sociedad sin buen periodismo está totalmente condenada al fracaso y la manipulación. Entonces yo no voy a ser jamás el que le vaya a quitar de la cabeza a un joven la idea de ser periodista.

Lo que le voy a decir a ese joven es que se tiene armar de fortaleza intelectual, moral, y ética para sobrevivir a toda las basuras con las que se va a encontrar. Que tiene que aprender desde el primer minuto de la universidad a decir que no. Decir que no a las entrevistas pactadas, decir que no a los reportajes publicitarios, decir que no a la censura y la autocensura, decir que no a un montón de barbaridades con las que se va a encontrar, porque si dice que no con 20 años, seguirá diciendo que no con 25, con 30, con 40 y con 50. Pero si empieza a decir sí con 20 años, seguirá diciendo sí con 30, con 40 y con 50 lo justificará. Dirá ¿qué posibilidad tenía yo de decir que no, si me decían que me quedaba sin trabajo? Eso significa una lucha muy dura, a veces incluso una lucha homérica, una lucha sin cuartel por creer en una profesión que tiene unos valores que pocas profesiones en el mundo tienen. Pero eso sí, es muy importante luchar con la idea clara de que si no estás dispuesto a batallar y armarte de valores fuertes, de corazas fuertes que te sirvan para superar todos los escollos, vas a tener muy pocas posibilidades de sobrevivir.

P: Me gustaría acabar la entrevista enseñándote y comentando unas fotografías tuyas.

Esta fotografía es la biblioteca de Sarajevo, destruida en Agosto de 1992 por bombas incendiarias. Esta gente que destruyó la biblioteca quería destruir los puentes de convivencia. La biblioteca era el lugar donde había libros de todo tipo de momentos de la historia de Bosnia, libros escritos en diferentes idiomas, con diferentes culturas… y evidentemente el ataque fue intencionado.

La fotografía la hice el primer domingo de Julio de 1993. Salió porque tomé una mala fotografía y al regresar me encontré con esta haz de luz que da a la atmósfera una sutileza y una fuerza visual impresionante. Es una grandísima fotografía.

Esta fotografía fue tomada en Abril de 1999 en la frontera entre Kosovo y Albania. Sus padres estaban siendo registrados por las fuerzas policiales serbias de Kosovo.

Estamos hablando de que prácticamente en cosa de un año fueron expulsados más o menos un millón de kosovares, más de la mitad de la población kosovar, a Albania y Macedonia. Yo estaba en Albania y estos dos niños aparecieron en un momento determinado y levantaron la lona del carrito.

Estos chicos estaban jugando en Sarajevo en el 93, en medio de unas ruinas de unos coches que habían sido carbonizados por las bombas. Yo estaba unos metros de distancia preparado, y en el momento en el que este chico saltó conseguí hacer esta foto.

Creo que es una foto muy bonita. Muchos niños murieron en Sarajevo por estar jugando en las calles o por hacer las colas para llenar las garrafas de agua que no había en las casas.



Estudiante de 3º de Periodismo y Relaciones Internacionales en la Universidad Antonio de Nebrija. Fue co-director del cortometraje 'Enarmonía', finalista en el XV Festival de Cortometrajes ADN y Community Manager del Proyecto de Cuentos infantiles CrocoOuch (www.crocoouch.com). Además, fue redactor en la revista 'Nuestra' y en el portal Actualidad Nebrija y locutor en el programa 'ñGamers' de Ágora Radio.


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